Visitando a la abuela Naino

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Después de los casi 3 días en el pequeño pueblo de Mindat en el estado Chin, tocaba hacer una parada semiobligada en Mandalay. En un principio el itinerario rehuía las grandes ciudades ya que con solamente 28 días de visa no entraban entre nuestras prioridades. Pero nos sirvió para descansar, y la verdad, no nos disgustó en absoluto.

Pero nuestra brújula apuntaba a una pequeña ciudad rodeada de montañas llamada Hsipaw. “Sipó” para los amigos.

Esta vez no hacía falta buscar mucho, sabíamos dónde queríamos ir: Ye Shin Guest House. Y aunque habíamos pasado 6 horas en el autobús dando cabezadas, nada más llegar solo teníamos energía para ducharnos y volver a dormir.

No me puedo creer que viajar en autobús canse tanto… ¡ni que lo hubiésemos hecho corriendo!

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Un pedazo de Mandalay, Kyautawgyi temple

Cruce de caminos

A la mañana siguiente bien abrigaditos bajamos a desayunar,  cuando al entrar a la cafetería escuchamos una voz conocida:  “¡Hombre Eider, qué haces aquí!”

Era Piti, un amigo con el que viví en Australia hacía casi 2 años y al que ya no había visto desde entonces. Desayunamos entre historietas y situaciones con las que pusimos a Ander al corriente sobre la vida en Avalon.

Justo al otro lado de la mesa se encontraban Antonio y Eli, una pareja de madrileños que aunque todavía no lo sabíamos, acabarían siendo de los mejores compañeros de viaje y unos muy buenos amigos.

Dicen que los viajes y las aventuras unen a las personas y forjan amistades sólidas. Y si no lo dicen… ¡ya lo digo yo!

Eider Algaba.

Nos pusimos los cinco a charlar y a intercambiar información sobre Myanmar y Hsipaw. Piti ya había hecho el trekking y los madrileños tenían bastante información, pero nosotros estábamos muy verdes en lo que a este lugar respecta.

Lo cierto es que apunto estuvimos de no ir por la inestabilidad y las continuas guerras entre tribus unos km más arriba, justo por la zona por donde pasan los trekkings. Nos habían aconsejado en diferentes lugares que tal vez no fuera la mejor época para ir a Hsipaw, pero decidimos darle una oportunidad y probar.

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Nam Tuk Waterfalls en Hsipaw

Primeros planes

Eli y Antonio tenían unas  indicaciones que habían encontrado en una página con la ruta hacia Ban Khan Village. La primera parada de muchos trekkings.  Ellos querían hacerlo por libre y estaban animados a intentarlo. Así que como nos gustó la idea, dijimos: ¡Genial! ¡Nos apuntamos!

Piti se marchaba esa misma tarde, así que pasamos la mañana con él dando una vuelta por el mercado y por la noche quedamos con Antonio y Eli para ultimar los detalles del trekking del día siguiente.

Compartíamos muchas cosas con ellos, así que conectamos enseguida. Nos contaron que también estaban haciendo un viaje largo: ¡10 meses por Asia! En el que como nosotros, intentaban buscar algo más que pasárselo bien y visitar lugares de manera superficial y a contra reloj. Pasaban un poco de las “turistadas” y siempre buscaban otra alternativa.

Ayudó bastante el que ellos también viajaran con un presupuesto ajustado. Este tema es algo que a veces cuesta explicar o hacer entender a otros viajeros con los que compartimos jornadas. Pero por suerte, con ellos no hubo ningún problema:

¡Al igual que nosotros, eran devotos de la cofradía del puño cerrado!

 No paramos de hacer bromas sobre ese tema durante todo el viaje. La competición del ratilla.

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La cofradía del puño cerrado al completo.

Bromas aparte, el tópico económico no es simplemente una cuestión de falta de dinero, sino una filosofía de viaje: Cuando te mueves con billetes todo es muy fácil y bonito, pero siempre te aleja de la realidad. De esta forma, cuando no aceptas por 15 lo que vale 10, empieza a asomar la verdadera naturaleza de cada lugar, obligándote a buscar otras alternativas, enriqueciendo tu viaje, haciéndolo más “real” y a veces más duro.

Comenzamos la ruta

A la mañana siguiente salimos camino a Ban Khan Village los cuatro juntos. Parecía pan comido con las indicaciones de Eli y Antonio, pero decidimos innovar un poco al comienzo y lo que pretendía ser un atajo, acabó siendo una aventurilla entre arrozales, esquivando bueyes y caminando en fila india para no caer en el barro mientras improvisábamos cada paso.

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Uno de los bueyes que tuvimos que esquivar. Tiene pinta de amigable ¿verdad?

Cuando nos encontramos con el camino no hubo más complicación. Era facilito y abierto: tierra bien pisoteado por todas las personas que pasaban a diario. Vamos, un paseo de dominguero con buenas vistas.

4 horas después llegamos al pueblecito con la esperanza de que nos acogieran en algún homestay. En un par de lugares se ofrecieron a darnos de comer, pero nada de hospedaje y nuestros peores presagios cobraron fuerza cuando vimos un cartel donde especificaba claramente que no podía haber ningún extranjero sin guía por la zona. ¡Ups! ¡Eso no lo esperábamos!

Un guía en Hsipaw nos comentó que no debería haber ningún problema al hacerlo por nuestra cuenta y por internet habíamos leído experiencias de viajeros que hasta se habían quedado a dormir. Por eso, empezamos a pensar en que solo era un tema de mantener el negocio, pero tal y como estaba la situación, cabía la posibilidad de tener que darnos la vuelta si no encontrábamos donde pasar la noche.

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Camino a Van Khan Village

Una alternativa…¿Segura?

Después de la negativa de los homestays, de no poder convencer a un guía para que nos acogiera en su grupo y las pocas esperanzas que nos quedaban, decidimos buscar un lugar para comer y desandar lo andado por la tarde.

Pero de repente, una anciana de pómulos pomposos y piel tostada, con una tela atada cubriéndole la cabeza de esa forma tan característica birmana, comenzó a hacernos gestos.

 –          Creo que esa señora nos está diciendo que podemos comer y dormir aquí – Dijo Antonio.

–           ¿Seguro? Quizás le has entendido mal y solo se está ofreciendo a darnos de comer. Ya has escuchado al guía, no podemos pasar aquí la noche si no vamos con uno contratado desde Hsipaw – Contesté.

Para cerciorarnos volvimos a preguntárselo utilizando otra vez la mímica, a lo que ella con una sonrisa hizo el claro gesto de comer y dormir. ¡TOMA QUE NOS QUEDAMOS!

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Almohada y unas mantas, ¿para qué queremos más?

Entramos en su humilde casa hecha completamente de madera y antes de que pudiéramos comunicarnos con ella comenzó a sacar mantas y más mantas. En ese momento el guía que nos negó la estancia en el homestay entró por la puerta, se dirigió hacia ella y comenzaron a hablar mientras nos miraban.

Hubo un momento de tensión en el que Antonio y yo intentábamos averiguar qué era lo que estaban hablando. Hicimos uso de nuestro basto conocimiento sobre lenguaje corporal, apoyándonos en los tonos de voz de ambos protagonistas y así transcurrió nuestra conversación paralela:

–          El guía le está diciendo que no nos puede alojar, supongo que porque vamos por nuestra cuenta. 

–          Si pero creo que a ella le da igual, porque no parece ceder. 

–     ¡Al guía no le está haciendo ni pizca de gracia! ¡Mira su cara! Aunque no sé si es enfado o preocupación, ninguno parece alterarse.

–          Uf no se ni si es seguro que nos quedemos ¿por qué iba a molestarse el guía en venir hasta su casa a hablar con ella? 

–          Yo creo que simplemente es porque no le hace gracia que le haga la competencia  sin intermediario alguno. Si hubiera peligro, ni él hubiese traído a sus clientes aquí,¿No? Creo que podemos quedarnos.

–          No sé, eso espero.

 

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Una casa humilde, pero con encanto

 

Después de la conversación con la anciana, queríamos aclarar el asunto, así que preguntamos al guía si era seguro que nos quedáramos allí. Su respuesta fue:

Yes, I hope so. = Si, eso espero.

La única que continuaba a lo suyo y parecía no importarle nada era la anciana, así que nos relajamos. Si aquella señora o alguno de nosotros estuviera de verdad en peligro, el guía nos lo hubiera advertido con algo más que un I hope so. Además, sabíamos que en aquella aldea no era la primera vez que se alojaban extranjeros por libre. Así que decidido. Nos quedamos.

Acordamos 8.000 kyats por persona. Un precio justo para ella, teniendo en cuenta que con las agencias solo reciben 3.000 por turista de los 15.000 totales. Nosotros pagamos encantados y ella se quedó más que satisfecha.

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!Por fin en casa!

Nuestra nueva familia

Aclarado el tema del alojamiento, mientras nos acomodábamos empezamos a conocer a la familia.

Naino era nuestra anfitriona. La dueña de la casa, que aunque vivía sola, estaba acompañada por dos de sus nietos durante todo el día hasta que su madre llegaba de trabajar en el campo. Con 72 años desbordaba una energía que ya nos gustaría a nosotros. Tenía un huerto donde cultivaba casi todo lo que necesitaba para el día a día y con lo que nos preparó esas sencillas pero deliciosas comidas; iba y venía a la fuente del pueblo cargando todos esos litros de agua para que nunca faltara un té con el que pasar las frías horas; y además cuidaba a los dos renacuajos día sí día también.

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Naino y sus tes. Nunca puede faltar uno.

Mientras Naino cocinaba, el pequeñajo y travieso Mong E de solo 5 años y su hermana mayor Num Mu con 8, nos analizaban curiosos guardando un poco las distancias.

No sabemos cómo les afectaba el hecho de vivir en un pueblo como este: No había mucho que hacer y la situación con las guerrillas no ayudaban demasiado. Desde luego, no tiene que ser fácil, pero ellos siempre jugaban con una sonrisa ajenos a lo que en su alrededor pasaba.

En ningún momento preguntamos sobre la escolarización de los niños, creo que todos queríamos evitar la respuesta… ya tenía edad de ir a clase, pero ni les vimos con uniforme, ni fueron a la escuela…

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Eider y los peques de la casa: Mong E y Num Mu 🙂

Poco les duró la vergüenza, porque en 5 minutos ya estaban soltando carcajadas e inspeccionando todo lo que llevábamos encima. No sé en qué momento decidimos enseñarles fotos y sobre todo, los videos de los viajes de Eli y Antonio, porque no pararon de verlos una y otra vez.

Vida de Van Khan Village

Las horas transcurrieron paseando por la encantadora aldea, que se reducía a apenas 500 metros, mientras Mong e y Num Mu se peleaban por agarrarnos de la mano para levantarles del suelo haciendo el balancín.

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Eider y Eli paseando por Van Khan Village

Nos llamó la atención cómo en cuanto nos alejábamos un poco de la carretera principal, Num Mu se quedaba esperando hasta que volvíamos. Ella no quería ir más allá. Dedujimos que tanto su madre como su abuela le habían advertido de los peligros de sobrepasar los límites del pueblo.

Pero a Mong E todo aquello aún le era desonocido y correteaba de arriba para abajo con su palito y su rueda. Al parecer el mismo juego que creíamos desaparecido con nuestros padres seguía levantando sonrisas al otro lado del planeta.

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El pequeño Mong E y su rueda

Gracias a que llegó la madre de los pequeñajos nos conseguimos comunicar algo mejor: Todas nuestras conversaciones eran básicas: entre mímica, un poco de teatro, 5 fotos familiares y mucho humor, conseguimos saber un poco más de la familia, de los hijos y nietos que tenía Naino, la tribu a la que pertenecía (Palau) y hasta algunas palabras en su idioma.

Akoei é = bonita             Loe loe = adiós               Homboom = comer   

Omiam = Té con agua            Om = agua                  Ngo = fuego

En esto último los pequeños nos ayudaban con la pronunciación, ya que parecía causarles mucha gracia nuestros intentos.

De hecho, no sabemos cómo se escriben sus nombres pero lo hacemos lo más parecido a lo que podían llegar a sornar. Mong E, me corrigió repetidas veces la pronunciación de su nombre haciendo hincapié en la E separada del final. Pero tengo la leve sospecha de que sigo pronunciándolo mal…

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Ayudando a Naino con la huerta para preparar la cena

Y llegó la noche

Después del no parar de todo el día Mong E fue el primero en abandonar la casa de la abuela para ir a dormir. Su madre y Num Mu nos acompañaron un rato más en la velada que transcurría frente al fuego del salón/dormitorio de Naino.

La anciana quería que durmiéramos con las ventanas abiertas y aunque aquella noche las brasas del fuego calentarían la habitación para evitar que nos congeláramos, no nos pareció suficiente, por lo que en cuanto salió del salón cerramos todas ellas.

No estábamos muy en condiciones de pensar el porqué de ese afán de hacer correr el aire, ya que toda nuestra atención se centraba en un pequeño ratoncito blanco que correteaba por las vigas de madera sobre nuestras cabezas. Por respeto no vamos a desvelar el nombre de la persona que más preocupada estaba a cuenta del pequeño inquilino, asique no escribiremos el nombre de Antonio.

Ratones aparte, a las 4:30 am descubrimos el porqué de la insistencia de Naino. A esas intempestivas horas a nuestra Naino querida no se le ocurrió otra cosa que empezar a hacer fuego.  Asique Eli se despertó por el picor de garganta para salvarnos a todos de morir trágicamente asfixiados por el humo.

¡Pero señora que hace haciendo fuego a estas horas, que las 4:30, todavía es de noche y no están puestas ni las calles!

 

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Naino, la señora de la llama

Cambio de planes

Decidimos quedarnos la mañana siguiente en Ban Khan Village para disfrutar un poco más de la compañía de los renacuajos y Naino antes de poner rumbo a Hsipaw de nuevo.

La vuelta se nos hizo algo más dura. Llegamos exhaustos y alguno hasta cojo: Eli ya apenas podía caminar de las ampollas que le habían hecho las botas. Pero todo paso a un segundo plano cuando probamos la riquísima comida de Mr Shake (un puestecito de Hsipaw).

Aquella tarde teníamos que decidir si marchar temprano a Pyin Oo Lwin pasando por el viaducto más famoso de Myanmar (algo que nos haría volver hacia atrás en nuestra ruta), o cambiar una vez más los planes.

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Volviendo a Hsipaw. Algo más cansado.

La verdad es que estábamos tan agusto allí y en tan buena compañía que decidimos olvidarnos de Pyin Oo Lwin, el tren, sus vistas y todo lo demás y marcharnos al lago Inle con Eli y Antonio.

Reservamos los billetes de autobús para el día siguiente a las 16:30 y así aprovecharíamos para ver lo que no vimos el primer día.

ALREDEDORES EXPRES

Tempranito por la mañana alquilamos un par de bicicletas y nos dirigimos hacia las cascadas aprovechando el solecito rico. A decir verdad, por la época no tenía mucha agua, pero el paseo fue de lo más agradable y divertido. Además en medio del camino nos encontramos con una serpiente de un verde intensísimo y también hubo un tramo donde tuvimos que cargar con las bicicletas para pasar un riachuelo…

También intentamos visitar el palacio Shan, sin mucho existo (estaba cerrado) y las ruinas de a lo que llaman Little Bagan. Eran unas cuantas pagodas centenarias derruidas y salteadas entre las casas de las afueras del pueblo que muy ligeramente podían compararse a la majestuosidad de los templos que se pueden encontrar en la “verdadera Bagan”.

Pero sin duda alguna el templo rey, la aparición estelar, el protagonista de las visitas de la mañana fue la mayor creación construida jamás con mezcla Art Atack. El templo más cutre que hemos visto hasta la fecha. Era horriblemente cómico. Parecía que lo habían hecho niños con plastilina. Y si no nos creéis, a las fotos nos remetimos….

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Supuesto dragón o serpiente del templo maravilla

Al final, Para cerrar la jornada de la mejor manera y despedirnos de Hsipaw, quedamos con Antonio y Eli en Mr Pop Corn. Un restaurante muy cerca de la zona, con un encantador jardín rodeado de flores y vegetación, en unas comodísimas hamacas que bien invitaban a una siestecita más que a comer.

Disfrutamos de una excelente ensalada de aguacate y ¡UNA TORTILLA DE PATATAS! Sí, en Myanmar y no un trocito, sino una señora tortilla con cebollita y todo. No hay mejor forma de despedirse que con un buen sabor de boca.

Hasta otra Hsipaw, hasta otra Van Khan Village gracias por todo. 

Gracias por leer este post. Esperamos que te haya gustado.

Visita nuestro post de Mandalay si quieres saber qué puedes hacer en tan solo 24 horas. O si por el contrario te ha gustado Hsipaw, visita nuestra guía lowcost para saber que hacer en este pueblecito entre las montañas.

Para más datos sobre el treking puedes visitar: ¿Cómo hacer el rekking de Hsipaw por libre?

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7 comentarios

  1. Pingback: ¿Cómo hacer el trekking de Hsipaw por libre? – Rumbo a las Antípodas

  2. Pingback: Guía de Hsipaw – Rumbo a las Antípodas

  3. Ooohhh Me ha encantado!! Un honor aparecer en vuestro blog jejeej 🙂
    La verdad que para nosotros fue de las mejores experiencias que hemos tenido en este viaje…
    Bueno , a seguir disfrutando de experiencias como esas que al final son las que se recuerdan … un besazo grande. Nos vemos en España!!!

  4. Me encanta!!!! Una de las mejores y más auténticas experiencia de nuestro viaje! Además al hacerlo con vosotros es un valor añadido!! No lo olvidaremos nunca esta gran experiencia! Nos vemos pronto !!!😘😘😘

  5. Pingback: 3 días de trekking desde Kalaw a Inle Lake – Rumbo a las Antípodas

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