Tioman, Vida Isleña

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Habíamos escuchado hablar mucho sobre Tioman, una de las islas duty free al este de Malasia. Un lugar igual de bonito que el resto, con menos movimiento, muchas SUNFLYS y la suerte detener el alcohol a mitad de precio! Ouuu Yeah!!!

Aclaración: no es que seamos unos borrachines, pero es en lo que más se nota esa bajada de precio, ya que al alcohol en Malasia se le aplica casi un 100% de tasas.

Por azares de la vida, tuvimos la suerte de conocer a Nati y Max (una pareja Argentina que estaba trabajando en Birdnest en KL) y hablando sobre todo un poco, nos contaron sobre su experiencia en esta isla. Asique cuando nos dieron el contacto de un resort en el que podíamos intercambiar unas horas de trabajo por alojamiento y comida estando en una de las mejores zonas de la isla, no nos lo pensamos dos veces y fuimos de cabeza. Next stop, Genting!

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Atardeceres en Genting

Escribimos a Ying, una chica malaya que alternaba su trabajo por temporadas en el resort con viajes en bicicleta al rededor del sudeste asiático. Un par de correos y listo! Nuestra nueva aventura empezaba a coger forma!

Seguíamos con los traqueteos de la vida para China y el dilema de como y cuando llegar a Tioman.

Hablando con Ying sobre ello optamos por ir a su pueblo natal MUAR!, en vez de ir directos al muelle desde donde sale el ferry. Lo cierto es que no pillaba de camino ni para atrás, de hecho estaba en dirección opuesta, pero nos pareció divertido y así podíamos tener un primer contacto con ella antes de ponernos manos a la obra, e ir todos juntos hasta Genting.

Nos acogió en casa de su hermana la noche anterior a partir para Tioman. Salimos a las 5:30 de la mañana en coche y llegamos a Mersin con demasiado tiempo.

Esperamos haciendo cola a que se acercara la hora de embarcar mientras nos explicaba como se organizaban en Aguna (el resort donde pasaríamos nuestros días) poniendonos al día sobre todo lo que debíamos saber de la isla.

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Niños de Genting

Tras comprar los 3 tickets que necesitabamos para poder pisar Tioman confirmamos una sospecha que nos perseguia desde que pisamos el país: ¿Saben los malayos lo que es hacer cola? NO.

Ying nos dijo que no era habitual hacer cola, que quien llegaba primero se ponia delante y los que llegaban despues… pues también se pueden poner primero! Por qué no! Haciendo al final un tumulto de gente, en el que si el ultimo encontraba un hueco por donde meterse, se cuela sin problema y a nadie le importa (o al menos ninguno parece molestarse).

Nadie… excepto nosotros, que tras una hora de espera haciendo cola con las mochila a las puertas del embarcadero, entrar después de que lo hicieran 100 por delante no nos hizo ninguna gracia!

Pero bueno había sitio para todos y cada vez estábamos más cerca de esas aguas cristalinas llenas de peces, así que NO WORRIES.

Espera, espera, sitio… Para todos??? Bueno, para todos menos para una maleta, que acabó en el agua. En estos países el stuff de los barcos tienen la buena costumbre de lanzar, literalmente por el aire, desde el muelle a la cubierta los equipajes de los turistas. Alguna vez tiene que pasar. Y nosotros fuimos testigos. Que divertida situación, cuando no te ocurre a ti.

Cuando ves un bulto caer de esa forma lo primero que piensas es… Que p**ada! Pero medio segundo después se convierte en preocupación y pides que por favor no sea la tuya.

Suerte para el dueño de ella ya que milagrosamente no se undió. Pudieron rescatarla después de dar un show porque nadie quería tirarse a ese agua llena de mierda!

Sea como fuere, estábamos solamente a unas leguas de nuestro destino!

Íbamos con la idea de trabajar por la mañana y relajarnos o escribir por las tardes, tomarnos nuestro tiempo y disfrutar de la serenidad de nuestro pueblecito, Genting. Pero no fue así, ¡no toda nuestra estancia! Desde que llegamos y conocimos a Florence y Raju, había cientos de planes que difícilmente podíamos rechazar. Asique cada día se convertía en una aventura…

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Treking hasta las cascadas en Nipa

La pequeña comunidad y nuestros uncles

Aguna, nuestro hogar por esas 2 semanas en la isla, es un resort pequeñito, con 25 bungalows, restaurante y zonas de descanso, a un paso de la playa y casi dos del puerto. Muy acogedor. En ese tiempo convivimos como una familia con tareas repartidas, haciendo que después de compartir cenas, salidas, cervezas, charlas e historias, nos conociéramos mejor. Ying, Florance, Raju, Uncle Yeng y Uncle Pang.

Para aclarar por qué llamábamos “uncle” (tío en castellano) a Yeng y a Pang, es por que así es costumbre entre la comunidad china-malaya sobre todo para referirse con respeto a los hombres de 50-60 años para arriba.

Sabes que te has hecho mayor cuando la gente pasa de llamarte “sister” (hermana a las mujeres) y “mister” (a los hombres) a “auntie” (tia a las mujeres) y “uncle” (tio a los hombres).

También se utilizan los términos “kakak” que significa hermana mayor en malayo y “abang”, que significa hermano mayor, para referirte a quienes, sin ser de tu familia, quieres referirte con respeto.

Otro termino muy común es el de “boss” (jefe en ingles), una palabra coloquial que al igual que en castellano, se utiliza para referirse a alguien cuando no sabes su nombre o quieres entrarle de una manera más de colegueo.

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Una de las cenas en familia

Afortunadamente, nada más llegar el manager del resort,  Mr Go, se marchó debido a la poca fluencia de clientes. Nos habían advertido que era un poco (bastante) cascarrabias. Pero nosotros nos libramos y compartimos poco más que un hola y adiós con él.  Eso sí, todo el proceso amenizado por el sonido de sus gargajos que nos hacían saber que estaba cerca. Sonidos desde el inframundo, los llamábamos. Algo que nos resultó repugnante pero a lo que nos acabamos CASI acostumbrando después de pasar por China. REPITO CASI.

Anyway, sin más dilaciones os presentamos a los que se convirtieron en nuestra familia isleña y sin duda marcaron nuestra estancia:

Ying era nuestra manager directa y la única responsable del resort cuando Mr Go no estaba. Es la que nos abrió las puertas de su casa y nos llevó hasta la isla, la que nos explicó el funcionamiento del resort y nos ayudó a que tuviésemos una estancia de los más agradable, haciéndonos sentir de la familia aún y sabiendo que nos quedaríamos solo por dos semanas.

Compartimos historias y experiencias viajeras. Le preguntamos sobre mil y unas dudas e inquietudes que teníamos sobre su país y esos temas (religiosos y políticos) de los que a primeras nunca preguntas. 

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Cena después del torneo de Sepak Pakraw

Uncle Yeng era como nuestro padre y a veces como nuestra madre con sus manías por la limpieza, el orden y las maneras. Nos hacía recordar al señor Miyagi, sereno, con mucha experiencia y muy estricto, nuestro mentor ( jajajajj o algo así). Nos habló de su pasado y de la vida que había elegido, los esfuerzos que aun seguía haciendo, sin gastar apenas en él, para darles a sus hijos la mejor de las educaciones, mandarlos al extranjero a buenas universidades, para que tuviesen las oportunidades que el no tuvo.

Raju era el “house keeper” del resort contiguo a Aguna, un hombre que como muchos otros había decidido dejar su país (Bangladesh) y a su mujer e hijos para darles un mejor futuro. Activo y con la vitalidad de un chaval, no nos dejaba descansar ni un día. Llevaba 9 años en la isla y se conocía cada rincón por lo que nos llenaba la agenda de actividades cada vez que teníamos un rato libre.

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Raju y Uncle Yong jugando a ser Tarzan

Florence era nuestra compañera de voluntariado con la que compartiamos el trabajo y todas las actividades, una chica de 23 años que iba viajando sola desde hacia 4 meses atrás cuando dejó Quebec para explorar durante un año sin un rumbo fijo. Simpática y abierta, nos ayudó con nuestro ingles mientras nosotros lo hacíamos con su castellano.

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Florence y eider haciendo el gamba

Uncle Yeng era sin duda nuestro favorito. Cada vez que lo recordamos se nos dibuja una sonrisa en la cara. Con el que apenas nos podíamos entender al principio debido a su casi inexistente ingles y al que acabamos entendiendo hasta sin dientes (literalemte). Omnipresente y curioso con todo lo que hacíamos, siempre estaba al rededor sonriendo sin abrir la boca, apretando los labios que parecian estar pegados con loctite, y una cerveza Guines templada en la mano (después de las 5). Un hombre entrañable y con mucho sentido del humor, “achuchable” con un tamaño Eider, con el que conectamos desde el principio y al que guardamos cariño infinito.

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Ander y el pequeño uncle Yong

Por último, tenemos que mencionar a Coco y a los huéspedes malayos que se quedaron casi para siempre.

Coco era la cheff mas polivalente y polifacetica de toda la isla y parte del extranjero. Una mujer que tras haber ganado un concurso de la televisión indonesia en su juventud (cuando suponemos que tenía otro nombre y se vestía aún como un hombre), abrió un restaurante en Genting, este pueblecito de la isla de Tioman. Atareada y con la terraza abarrotada, siempre tomaba un rato al final de la jornada para sentarse y charlar con nosotros. Querida y respetada por todos, preparaba los mejores platos “western” de la zona, siendo sus platos estrella la pizza (todo lo que pillo) o así es como yo la llamé, personalmente sobrecargada, pero para Ander y el resto, excelente. Pero el plato estrella lo mejor de lo mejor, su delicioso “Lamb chop”. Tenían tal fama sus platos, que daba clases de cocina por toda la peninsula.

Los malayos que terminaron quedándose casi por dos semanas eran dos amigos rezagados que perdieron el ferry de vuelta, despues de un intenso fin de semana de comidas que se empalmaban y cervezas que nunca terminaban. Jamás nos habíamos sentido tan forzados a beber o a comer, pero estos amables hombres nos invitaban a todo, daban por hecho que comeríamos con ellos y pedían como para abastecer a un regimiento. Y un No, no era una opción.

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Con Coco, los malayos y alguno que se sumó a la fiesta

 Nuestro trabajo en Aguna

Puramente concentrados en “trabajar” (exceptuando los outing) hacíamos 4 horitas al día. Pero siempre estábamos dispuestos a echar una mano en la cocina o donde nos necesitarán.

Llegamos en un momento de poco trabajo con respecto al flujo de clientes, pero en un resort siempre hay cosas para hacer y arreglar, así que empezamos lijando y barnizando mesas para protegerlas del salitre y los monzones que estaban por caer, literalmente.

También blanqueamos todas las paredes de la zona común del resort llenas de humedad que quedaron como los chorros del oro. Le llegamos a coger hasta gusto a esos productos (un pelin dañinos) una vez vimos el cambio tras nuestro trabajo.

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Como los chorros del oro

Sin embargo con el trabajo que hicimos los últimos días no nos sentimos del todo cómodos. No por la dificultad o por que fuese un trabajo duro, sino porque nos pareció que era lo que nadie queria hacer. (ni siquiera los que se encargaban y o a los que pagan por ello). Al rededor de 15 cabañas tuvimos que limpiar de arriba a abajo, con estropajo y guantes concienzudamente. Nada que no haya echo alguna vez, ya que viajando, aceptas y pruebas todo tipo de trabajos, encantada.

Pero en este caso, ya había personal contratado para ello: en teoría los “house keepers” limpiaban las habitaciones cada vez que un cliente se marchaba. En practica como pudimos comprobar, no pasaba de algo muuuuuy superficial.

El caso es que la familia malaya (local) contratada para ello era familia de los dueños del resort, (que no eran los managers ni trabajadores de él) y disfrutaban de impunidad total. Esas habitaciones no habian sido limpiadas en profundidad en 5 años y el precio se asemejaba a la de un hotelcito de cualquier capital de Europa o Australia.

Asique nos lo intentamos tomar con filosofía y las hicimos.

Pero todo tiene su lado positivo y nuestro trabajo favorito sin duda alguna fue acompañar y ayudar en los tours de snorkel a los clientes con Ying!

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Eider ya ha encontrado a Nemo

La mayoría se quedaba cerca del bote observando el fondo marino muy desde la distancia con sus chalecos salvavidas (muchos eran asiáticos que no sabían nadar o no se sentian comodos durante un largo rato en mar abierto). Nosotros seguíamos a Ying que era una apasionada del norkeling a buscar tortugas marinas, tiburones, peces payaso y cualquier ser viviente que nos resultase exótico, (que para nostros eran la mayoría).

Lo mejor de hacer nuestra jornada “laboral” haciendo tours de buceo era que disfrutábamos igual o más que los clientes que pagaban entre 80 y 130 ringgits la salida, y a nosotros nos lo contaban como horas de trabajo.

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Uno de los baby shark

Pocas veces habíamos tenido la oportunidad de ver un fondo marino con tanta vida con un tubo y aletas. Estabamos tan cerca de los animales que los hubiéramos podido tocar. Los peces payaso se acercaban amenazantes a marcar su territorio cada vez que nos acercábamos a sus anémonas, los tiburones jóvenes no nos veían como una amenaza, solo como esos humanos pesados que se entrometían en su paseo y la tortuga a la que estuvimos siguiendo durante un largo rato nadaba y comía tranquilamente mientras nosotros le haciamos fotos. Primero Ander, luego Ying luego Eider cual fans pesados. Santa paciencia la de ella.

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nadando con tortugas

En una de estas salidas convencimos a uncle Yeng para que nos acompañara ya que nunca había ido a un outing de snorkel y estábamos convencidos de que le gustaría. La última vez que intentó hacer snorkel estuvo a punto de perder la dentadura. Gracias a que se dió cuenta al instante y buceó para encontrarla.

Le había equipado con el chaleco, dejado mis aletas y colocado perfectamente las gafas, pero con la emoción de llegar al “shark point” y saltar al agua lo antes posible se me olvidó un detalle, seguía teniendo dentadura postiza. Nada más saltó al agua e intento recolocarse el tubo en la boca perdió los dientes de abajo. Se me había olvidado recordárselo. Con un grito y enseñándonos con la boca abierta el hueco que le quedaba sin los 6-8 dientes de abajo, mientras señalaba el fondo marino nos dimos cuenta que las había perdido. ¡NOOOOO! ¡LA DENTADURA! No paramos de buscar sus dientes hasta que el último cliente hubo subido al barco. Nos sentíamos algo responsables ya que fuimos nosotros los que lo convencimos para venir.

Aquella noche decidimos entre una pareja de alemanes que habían contratado el tour y nosotros, que queríamos hacer nuestra pequeña aportación para que uncle Yeng volviese a tener su sonrisa completa. Tuvo que aceptarlo ya que metimos el dinero por debajo de su puerta dentro de un sobre que reconocería al instante. Para cuando se dio cuenta y vino a echarnos la reprimenda lo alemanes ya se habían marchado y tenía que quedárselo.

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Ilustración del sobre para Yong

UN NO PARAR DE ACTIVIDADES

Me habían contado que en Tioman no había mucho para hacer aparte de snorkel y buceo (que ya es bastante), porque eso de tumbarte vuelta y vuelta al sol, no era una opción por estos lares. Las Sunflys no tienen compasión, (casi menos que los mosquitos) y casualidad, se encontraban en la arena de las playas. Pero nosotros encontramos quehaceres todos los días.

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Camino a Praya

Raju, nuestro amigo banglasesí era el organizador. En nuestro segundo día cogimos un par de kayaks de su resort y nos dirigimos a la playa de Nipah, para conocer un poco las playas y pueblos vecinos. Una playa con dos pequeños resort eran los que formaban este “pueblito”.

Allí nos indicaron que subiendo las rocas rio arriba, a unos 20 minutitos había una cascada. Despues de una hora y media buscando la cascada, nos dimos cuenta que la habíamos pasado hace rato, pero como decía Florence, “it’s not about the destination, but the jurney”. Un trekking de lo mas entretenido.

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Sunset desde el Kayak

Casi todas las tardes hacíamos algo de buceo en el puerto, observando tranquila la vida marina, y nosotros sin mucho estrés tampoco. He de decir que me sorprendió muy gratamente el fondo marino de Malasia, alucinamos con todo lo que puedes llegar a ver con solo unas gafas y un tubo. También tuvimos la oportunidad de ver almejas gigantes (impresionantes). Ander tuvo que cargar con una y moverla de sitio ya que alguien la había separado de su spot natural ¡y lo suyo le costo! Buceadores y algunos pescadores se llevan las pocas que quedan por la noche a escondidas de los locales que se encargan de mantenerlas y cuidarlas, por eso intentan tenerlas cerca y juntas para poder controlar que no falte ninguna.

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resacatando las conchas gigantes

Gracias a Ying y a Raju tuvimos la fugaz sensación de ser parte de esa pequeña comunidad cerrada y de costumbres arraigadas. Participamos en la cena que se hizo después del torneo de sepak takraw (una mezcla entre futbol y volley ball).

Durante los dos findes de semana que permanecimos en la isla tuvimos la suerte de ver estos dos torneos en los que competían los equipos de los diferentes pueblos de la isla en el campo cubierto de Genting. Impresionante como saltan y golpean la diminuta pelota! Mucha habilidad!

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Raju tambien nos invitó a pasar una tarde de pesca en el bote de Param, uno de los marineros de Genting y su mujer. Pescar no pescamos demasiado, unos 10 peces, pero nos lo pasamos genial. Anocheció mientras seguíamos en alta mar y cuando nos aburrimos de jugar a ser pescadores nos tumbamos en la popa a mirar las estrellas. Que con la poca luz que había y lo claro que estaba el cielo, se veía perfectamente la Vía Lactea.

También compartimos recetas tipicas de nuestros países y cenas en las que no hacíamos trabajar al chef. NO, NO HICIMOS BACALAO, (ni creo que sepamos prepararlo). Unas hermosas tortillas de patatas bien aceitosas (nada mejor se podía hacer con esas sartenes) con montadito de tortilla de champiñones y pa amb tomaket. El arroz con leche que hicimos estaba para chuparse los 20 deditos pero se los acabó terminando Ander, que encantado de que no tuvieran tanto éxito, se los tomaba como las pastillas: por la mañana, con la comida y después de la cena.

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Nosotros disfrutamos casi más que los clientes de la deliciosa comida malaya y china que nos hacían, pero lo que no nos acaba de convencer es eso de utilizar las alubias negras de postre, ya fuese en pastelitos, galletas o caldosas.

Nos quedamos con las ganas de aprender a hacer Rotis (esos tortas deliciosamente aceitosas que se acompañan con currys), pero Raju nos enseñó a hacer chapatis al estilo banglasesí. Otra vez empachados, (y eso que fue de merienda).

No nos olvidamos tampoco de las barbacoas con asistencia casi obligatoria de nuestros guests favoritos (los malayos que jamas se iban), que nos cebaban como si fuésemos Hansel y Grettel, para despues comernos, (que nuestras dudas tuvimos teniendo en cuenta el apetito que tenían).

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 Y mientras trabajabamos nuestras horitas por la mañana, practicabamos slakline viendo la maravillosa puesta de sol, y entre caminatas a los pueblos vecinos, cervezas y snorkel, pasaron los días hasta que llegó el día en el que dejamos Tioman.
Nuestra aventura continuaba y nos quedaba mucho por recorrer. Siguiente parada, Cameron Highlands!

Hasta otra Tioman, see you later

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Si quieres saber datos útiles sobre Tioman, no te pierdas nuestro post Tioman, paraiso del snorkel

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