Siquijor y el reencuentro

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No parábamos de mirar por la ventana del autobús camino al puerto de Dumaguete: Habíamos salido de Apo y se suponía que teníamos que habernos encontrado con Iñaki, Aritza, Endika y Asier (los 4 portugalujos con los que coincidimos en la isla) para ir juntos a  Siquijor. Pero nuestro barco se retrasó y como no teníamos forma de comunicarnos con ellos, les perdimos.

De repente, muy cerca ya del destino, vimos a lo lejos un triciclo con el techo repleto de maletas y 4 chicos pidiendo indicaciones a un local. Eran ellos, pero no sabíamos si se habían perdido, parado a comer o a comprar algo. Conociéndolos, más bien la primera… Pero el bus no se detuvo, ellos no nos vieron y llegamos hasta el puerto.

Quedaba más de una hora para el siguiente ferri. Teniendo en cuenta que estaban a menos de 10 minutos de carretera… Tenían tiempo para llegar de sobra, ¿verdad? Pues  esperamos y esperamos, pero ni rastro.

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De camino al puerto de Dumaguete

Faltaban 15 minutos para que el barco zarpara y nos insistían que teníamos que embarcar. Andando de un lado para otro, no sabíamos qué hacer:

  • No nos han visto! Si cogemos el barco no sabrán si hemos llegado hasta aquí o si seguimos de camino!
  • Pero, ¿y si han cambiado otra vez de decisión y no vienen?
  • Entonces… ¿Zarpamos?

Ante la incertidumbre, informamos a todos los empleados del puerto del asunto: “Si ves a cuatro extranjeros blanquitos y seguro que algo perdidos, diles que los esperamos en Siquijor!” 

Nos subimos al barco y fuimos directos a la cubierta para no perder de vista el muelle.

Se suponía que teníamos que haber salido hace ya 5 minutos, pero el capitán aún no había llegado… cuando de repente, a lo lejos ¡EL TRICILO!

Ahí iban los cuatro pisando huevos, tranquilitos, sin prisas… NO STRESS.

Nada más verles, como si de la escena final de una película se tratara (no es broma, fue totalmente sobreactuado), Ander salió corriendo del barco hasta donde ellos al grito de: MOVED EL CULO! VAMOS A ZARPAR YA!!!!

Pero en cuanto los vi abrazarse me di cuenta que habían cambiado de opinión. Durante el viaje al muelle decidieron mantener su plan inicial, saltarse Siquijor e ir directos a Bohol.

Hasta otra cuadrilla! Una vez más tocaba seguir nuestro camino solos.

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Las tierras de Siquijor nos esperaban

Habíamos oído mucho sobre la isla de Siquijor y como bien nos aconsejaron, nada más llegar al puerto alquilamos una moto. Intentamos hacer malabares con las mochilas para caber en la moto. Menos mal que el amable señor que nos la alquiló, al ver el panorama, nos echó una mano acompañándonos hasta nuestro hostal. Czars place.

Una vez sin mochilas, empezamos a explorar la zona y ya de paso, a mirar otras opciones de alojamiento. En una de estas, pasamos por Casa Miranda, donde por 300 pesos (5,7 €) teníamos una habitación en primera línea de playa. ¡Ay que me lo quitan de las manos!

Justo acababan de llegar al hostal 3 catalanes (Xabi, Sergi y Alexis). Nos dieron su aprobación “Todo estaba bien”. Así que al día siguiente nos mudaríamos.

Seguimos con la ruta: alguna playa, unos manglares y  estas cabritas recién nacidas.

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Con las pequeñas cabritas

Por la noche volvimos al hostal y con el wifi llegó un mensaje:

“Chicos os hemos visto con la moto! Estamos en Casa Miranda. Nos hemos encontrado a los catalanes! Vaya lio venir hasta Siquijor eh!”

¡Qué grandes! ¡Menuda sorpresa! Nada más leerlo fuimos a tomar una cervecita a su hostal.

En teoría nos íbamos a mudar la mañana siguiente, pero en Czars iban a organizar un concierto esa noche. Así que decidimos quedarnos hasta después de “la fiestecilla”.

Esa mañana, después de que el resto alquilara motos, pusimos rumbo los 9 juntos a Cambugahay Falls. 

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Toda la tropa en moto. Parecíamos los Motoratones

Llegamos a las ansiadas cataratas y no decepcionaron en absoluto. El color del agua era muy parecida al que vimos en Moalboal (un precioso azul turquesa), pero con una pequeña gran diferencia: No había tanta gente.

Otro punto positivo era que no estaban acondicionadas al turista (manteniéndose así mucho más naturales): Un par de lianas para hacer el “monguer” y una pasarela de bambú para cruzar de un lado a otro, no más.

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La temperatura del agua era perfecta, así que regateamos con uno de los locales (dueño y señor de una de las lianas, ya que él había montado el tinglado) y por 100 pesos nos pasamos un par de horitas practicando nuestras habilidades y perfeccionando los saltos desde la cascada al más puro estilo Tarzan. Como a Iñaki se le había salido el hombro unos días atrás y no podía jugar con la liana, retó a los locales a una especie de damas filipinas. Y así echamos las horas hasta que entró el hambre.

Por la tarde intentamos buscar las cataratas del  zodiaco. Después de perdernos y tener un percance con la moto de Aritza, las encontramos y… Nuestro gozo en un pozo, estaban SECAS. Ni si quiera un hilillo de agua… ¡nada!

Nos aprovisionamos bien y quedamos en Casa Miranda para ir ambientándonos para lo que nos esperaba aquella noche.

Tras ver el sol caer, alguna que otra historieta y unos cuantos Pin Pan Puns tocaba moverse para Czars Place a ver que se cocía.

Después de estar todo el día de aquí para allá, caí rendida en cuanto llegamos a nuestro hostal y me fui directa a la cama. Pero el resto se lo pasó en grande.

Lo que en un principio parecía ser una fiestecilla discreta, se transformó de un momento a otro en una de esas noches para recordar. Empezaran a salir locales y otros guiris como nosotros por todos los lados y se abarrotó: alguno se pasó toda la noche buscando las sandalias que creía haber perdido. Otros sacándole partido al traductor para relacionarse mejor con los… digo… LAS locales. Hubo quien tuvo suerte, y quien solo se llevó los morros rojos a casa.

Pero el protagonista indiscutible de la noche fue claramente Endika. En medio de la fiesta, mientras estaba tocando el grupo, el tío se subió al escenario y lo hizo suyo. Se pasó más tiempo arriba con la banda que en ningún otro lado. Él era quien movía el cotarro sobre la tarima. De hecho, se puso a revolver todo: Les quitaba los micrófonos para ponerse a cantar (aunque no se supiera el tema); pasaba las hojas de las partituras en cuanto le aburría una canción; se marcaba sus bailoteos… al final, hasta le dieron un micrófono para él solito.

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Rememorando la noche anterior

La mañana siguiente cuando me asomé al balcón alucine en colores. Parecía que había pasado una estampida por ese jardín.

Volvimos a Casa Miranda y sin muchas prisas, después de rememorar toda la noche, intentamos buscar la Secret Beach.

Estaba difícil encontrarla (por algo lo de secret), así que preguntaos a unos locales por la susodicha. Uno de ellos se subió a su moto y dijo que le siguiéramos. Condujo un rato, paró en medio de la nada y señaló a una hierbas altas en un lateral.

¿En serio? ¿Por aquí? ¡Si no hay camino! El chico estaba convencido, así que nos despedimos y empezamos a andar. Avanzamos un poco y de repente nos topamos con un acantilado. Al fondo, una calita rocosa y para bajar una estructura de bambú. No sabíamos si aguantaría muy bien (era bastarte rudimentaria), pero de uno en uno llegamos hasta ese agua cristalina y nos pasamos un buen rato con el snorkel.

Por la tarde fuimos a Siquijor-Siquijor a echar unos billares y ya de paso Xabi, Sergi y Alexis intentaron sacar dinero de los cajeros, sin mucho existo. No sabíamos por qué pero a la mayoría de turistas no les funcionaban las tarjetas.

Esa noche coincidimos con un colombiano que nos habló sobre algo que ya habíamos escuchado en más de una ocasión. Al parecer el chico se había acercado a esta isla para intentar establecer contacto con “los chamanes”.

Respecto a este tema queremos dejar claro que nosotros nunca vamos a asegurar que esto es cierto, pero los habitantes de Filipinas tienen mucho respeto a esta isla. De hecho muchos de ellos no quieren acercarse hasta este lugar debido a las “prácticas” y“ritos” que se practicaban antiguamente en sus montañas. Y al parecer algunas de ellas perduran en la actualidad.

El caso es que este chico (ya familiarizado con temas espirituales: tenía ciertas habilidades como andar sobre las brasas) quería conocer más sobre la “leyenda” y lo quería hacer en primera persona. Para ello se acercó hasta los bosques, habló con los locales y estuvo esperando donde le dijeron por más de 3 horas.

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Hombre que nos cruzamos por las montañas

Al cabo de un rato no pudo evitar caer dormido, y quién lo despertó sino el supuesto chamán.

El anciano le preguntó a ver que quería, qué razón le había acercado hasta allí. Entonces el chico respondió: “solo quiero creer más”

El hombre le invitó a su casa, compartieron comida y una larga conversación. Tras unas cuantas horas charlando, viendo que eso no iba a ir más allá, el joven decidió marcharse. Y cuando estaban despidiéndose el anciano dijo:

–  Antes me dijiste que querías creer más, pero no has hecho nada para ello.

A lo que él respondió:

–  Hoy hemos comido pollo y yo soy vegetariano. Llevó años sin probar un trozo de carne, hasta hoy.

Ante esto, a modo de aprobación, el anciano cogió uno de los peces deshidratados que tenía al sol, lo metió en un barreño con agua, lo agarró con las manos y revivió.

Cuando terminó de contarlo lo primero que pensamos es que fue todo un truco. Pero el anciano estaba sin camiseta, así que el chico no supo exactamente lo que fue… Y como bien dijo: Yo sé distinguir entre lo que está vivo y lo que está muerto.

Después de esto, no podemos negar que nos entró la curiosidad. Pero éramos conscientes de que poco nos iban a enseñar y menos íbamos a ver si acudíamos los 9 en grupo.

Al día siguiente hicimos la última salida todos juntos. El destino: Salagdoon beach. Por el camino perdimos a Endika e Iñaki, a los que encontramos más tarde instaladísimos en la playa haciendo una barbacoa que habían compartido con unos locales. Nosotros nos unimos al plan, compramos algo más carne e hicimos lo mismo mientras nos divertíamos con el diábolo, el slakline y alguno se animaba a saltar desde los trampolines que había sobre una roca.

Como el tiempo no acompañaba muchísimo y queríamos ver el atardecer, salimos pitando después de comer. Fuimos hasta una pequeña playita cerca del hostal y…

FUE INMEJORABLE: El color rojo manchaba el horizonte y se reflejaba en el agua cristalina, mientras nosotros disfrutábamos del espectáculo sumergidos en el agua cervezas en mano.  Ese día Siquijor nos brindó la mejor despedida, en el mejor entorno.

Y para redondearlo, una vez calló el sol, esperamos a que todo quedara en una completa oscuridad para poder nadar con el fitoplancton bioluminiscente en su máximo esplendor. Jamás nos cansaremos de verlo, es una maravilla de la naturaleza. Eso sí, alguno tuvo que salir del agua antes de tiempo por el picor que le provocaba en partes sensibles (no sabemos si por el plancton o alguna medusa).

Al día siguiente los bilbaínos se marchaban para seguir con su viaje y los catalanes tuvieron que hacer lo mismo ya que se quedaron sin dinero y no hubo forma de que funcionara ningún cajero. Con lo que Ander y yo volvimos a quedarnos solos.

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Un placer haber compartido con vosotros esta experiencia! Hasta la próxima! Buen viaje!

Esa tarde decidimos explorar la montaña. Con la excusa de subir hasta lo más alto y ver las vistas, nos recorrimos gran parte de las aldeas. Tenemos que reconocer que nos picaba el gusanillo de conocer un poco sobre lo que hacían esos chamanes y dónde se encontraban. Pero no sabíamos cómo preguntar y tampoco a quien…

Teníamos conocimiento de que había un punto caliente donde se practicaba “brujería” abiertamente. Pero tampoco queríamos asistir a una farsa o un circo en el que por unos pesos nos hicieran un paripé. Así que simplemente paseamos por las calles y observamos.

Fue extraño. Filipinas puede presumir de tener la población más pizpireta con la que nos hayamos cruzado. Sin embargo, cuando pasábamos por estas calles las caras eran mucho más serias y no tan amigables. Una vez se empezó a echar la noche, el pueblo nos iba dando peor sensación a cada minuto que pasaba. Ya no hacían tanta gracia esas casas de madera, oscuras y polvorientas, ni  esas iglesias con aspecto tétrico. Además yo ya hacía tiempo que no me sentía del todo bien, así que salimos hacia San Juan lo más rápido posible.

Una vez en el hostal yo seguía sin sentirme bien y decidí meterme en la cama. Aquella noche tenía fiebre y sabíamos que era pura casualidad, pero ya no nos entusiasmaba tanto la idea de los chamanes…

Al día siguiente, exploramos una playa más y por la tarde nos dirigimos hacia el puerto de Larena después de devolver las motos.

Salíamos hacia nuestra siguiente parada: Bohol.

Teníamos que tomar un barco y no me quería volver a marear, así que esta vez optamos por coger literas. Aunque de haber sabido lo que nos esperaba, nunca lo hubiéramos hecho…

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El ultimo día por fin encontramos la Secret Beach

Si quieres saber datos útiles sobre Siquijor, no te pierdas nuestro guía Siquijor, la isla encantada

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Un comentario

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