Port Barton, Días de Relax

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Tras regatear como siempre y conseguir el mejor precio llegamos a Port Barton en una comodísima van (no es ironía).

 Nos habían contado horrores sobre el camino, sobre todo de los últimos 20km que estaban sin asfaltar, llenos de socavones y otras historias para no dormir. Pero cuando llegamos dijimos “¿ya está? ¿Hemos llegado?” Ni me había dado tiempo a marearme, así que no es para tanto…

 En cuanto bajamos de la minivan nos invadió una sensación de paz y no exagero: comparando con El Nido no había nadie por las calles. Había más locales que turistas, no digo más. Todo estaba casi tan tranquilo como el agua de sus playas.

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Agua de la playa de Port Barton

Tenemos que reconocer que nos hicimos los longuis y no pagamos la tasa correspondiente por llegar al pueblo. El caso es que la van aparca justo en frente de “la oficina de turismo” y te piden una tasa. Sin embargo si llegas en bus publico, no te piden nada…

 Sea como fuere, fuimos directos a Casa Ferranco, el lugar que nos recomendó Marc (el chico que conocimos en El Nido). Al igual que nosotros hacemos, nada más llegar hizo la vuelta de reconocimiento para buscar el hostal más barato, así que nos fiamos de su criterio. Nos acompañó un amable local que hizo de intermediario entre el chaval que se encargaba del “hostal” (era una casa particular donde alquilaban habitaciones) ya que no entendía ni papa de inglés y además nos pedía 500-600 pesos cuando sabíamos que era más barato. Al final nos quedamos por 400.

 Lo que más nos llamó la atención fue la tranquilidad del lugar. Pasear por la calle y que nadie te atosigue vendiendo tours u otros servicios; caminar por la playa… ¡vaya playa! no hacía falta moverse del pueblo para disfrutar de un agua limpia y tranquila.

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Playa de Port Barton. Una maravilla a un paso de casa

Dio la casualidad que el día que llegamos había un grupo de gente bebiendo en la playa y algo de ambiente, pero nada si lo comparamos a El Nido. El resto de noches la tranquilidad y los bares con mesas mirando al mar con 4 clientes y otras tantas velas y antorchas es lo que nos encontramos. CALMA CALMA Y MÁS CALMA. Justo lo que queríamos.

Nos habían contado que había una White Beach pero que no era nada del otro mundo, así que optamos por ir a las Cataratas.  Estaban a 5 kilómetros y ya nos ofrecieron llevarnos en moto, pero tenemos piernas y tiempo para algo ¿no? Como siempre decimos “It’s not about the destination, it’s about the journey”.

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Cataratas de Pamuayan

 

 Las cataratas eran bonitas, parecidas a las de El Nido, pero un pelín más grandes y con una cuerda para trepar y saltar desde una roca. Sin embargo lo que más nos gustó fue el agradable camino hasta ahí y sobre todo el poblado que encontramos a la vuelta (del que nadie nos había hablado pero decidimos ir).

 Pamuayan por tener, no tiene nada del otro mundo, pero nos encantó ver un cómo viven los locales totalmente ajenos al turismo. Tenían su propia escuela, por lo que no tenían que ir a Port Barton, y una playa que estaba totalmente desierta (desconocemos si es más bonita que la white beach o no).

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Playa de Pamuayan

 

Un poblado totalmente rural, lleno de chabolas de bambú, madera y hojas, pero todo perfectamente cuidado y ordenado (como dice Ander: todo está limpio. Aunque las casas estén encima del barro, ES UN BARRO LIMPIO)

 Aquí pudimos ver cómo vive una parte de la población que sin tener gran cosa es feliz. Con gente amable y los niños más bonitos de Port Barton y parte del extranjero.

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Granjero y su buey de agua en Pamuayan

Otra cosa que nos llamó la atención en Port Barton es que vimos Ikurriñas.

Una de ellas en nuestro “restaurante” de cada día. Gacayan, el cual tiene pintada la fachada con banderas de todos lo países y encontramos la de Euskadi entre las banderas de Asia. Otra de ellas en un restaurante cercano a la playa. Ya se sabe que los Vascos nacemos donde queremos.

Y entre tomar el sol, leer y disfrutar del ESTAR nos llegó el día de marchar a Puerto Princesa. Acudimos al único hombre pesado de todo Port Barton (uno que no paraba de ofrecernos transporte durante esos días) a ver si nos hacía una mejor oferta que la del conductor del autobús público. La verdad no la mejoró, pero por 50 pesos más nos ahorrábamos unas horas de trayecto y ganábamos comodidad.

 La minivan no tardó mucho en llegar a Puerto Princesa donde nos dejó en la estación principal de autobuses. Ya habíamos reservado hostal con antelación porque sabíamos que siendo una ciudad grande no íbamos a tener la opción de ir preguntando de hostal en hostal comparando precios.

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Se echará de menos los atardeceres en Port Barton

Antes siquiera de bajar nuestras cosas de la minivan ya teníamos a un grupo de conductores de triciclos ofreciéndose para llevarnos por precios desorbitados (teniendo en cuenta que era una distancia “caminable”). Yo me estresé enseguida y tras confirmar que no había Jeepneys (los autobuses locales filipinos) comenzamos a caminar. Recorrimos 200 metros mientras regateábamos sin parar siquiera, hasta que aceptamos la oferta de un “triciclista” de llevarnos por 60pesos.

 El hostal no pintaba nada mal y estaba localizado justo al lado del aeropuerto en una calle con mucha oferta de comida a muy buen precio. El paraíso de los pucheros. Cosa, que sin saberlo se convertiría en el pan de cada día el resto de nuestra estancia en filipinas.

 Sin duda éramos los únicos extranjeros de la zona. Una vuelta tranquila, un partido rápido a basket (un uno contra uno que según Ander, se dejó ganar) y cenar fue lo único que hicimos en Puerto Princesa ya que salimos hacia el aeropuerto la mañana siguiente.

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Bilbao vs Puerto Princesa

 

Al llegar a la terminal nos encontramos a Nadia con dos de las americanas. Se iban todas juntas para Manila.

Nosotros embarcábamos enseguida, así que pagamos la ridícula tasa por utilizar el aeropuerto (200 pesos!!!!) y nos montamos en el avión. Solo estábamos a una hora de nuestro siguiente destino, Cebú.

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La playa por la noche se ilumina con del fuego de antorchas y velas

 

Si quieres saber datos útiles sobre Port Barton, no te pierdas nuestro post Port Barton, Desconecta

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