Nuestro ascenso a RINJANI

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Yo (Eider) me monté en ese coche un poco desanimada. Tenía muchísimas ganas de subir ese volcán: en las fotos nos pareció algo majestuoso, una estampa exótica como pocas habíamos visto… seguro que no nos arrepentiríamos de pasar esas 2 noches y 3 días en las que solo íbamos a tener que caminar y disfrutar. Nos iban a llevar las tiendas, el agua y la comida  y el guía y los porteadores (los verdaderos montañeros en todo este tinglado) se encargarían del resto.

Pero yo no quería eso, no paré de buscar y buscar toda clase de información sobre como subir el volcán: toda alternativa que no involucrara tener que pagar esa millonada (LITERALMENTE), UN MILLON TRESCIENTAS MIL RUPIAS, ¿100€ por subir una montaña? Pero la falta de información y el hecho de que en casi todas partes aconsejaban contratar tours, hizo que nos decantáramos por hacerlo.

Preguntamos y regateamos por un largo rato hasta que encontramos la agencia que mejor se adaptara a nuestro presupuesto… ESA, SÍ, LA MÁS BARATA, (que después resultó que todas eran parecidas y nuestro precio no era ni el mejor ni el peor, siempre se puede regatear más). Accedí a regañadientes diciéndole a Ander que seguro que había otra alternativa y que nos estaban estafando. A lo que él intentó hacerme entrar en razón diciendo que no teníamos ni mapas, ni tiendas, ni información suficiente sobre las rutas y lo más importante, no sabíamos si aquí pasaba lo que en otros lugares, QUE NO TE DAN OPCIÓN A HACERLO POR TU CUENTA. En fin, que los dos teníamos razón.

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Nos vinieron a buscar al hostal a las 5:00am. Nos llevaron a desayunar a Senaru. Una vez listos, sentados en la parte trasera de una pick up un grupo de 8 turistas que no sabíamos ni donde empezaba el recorrido, nos condujeron a Sembalum.

Comenzamos la subida sobre las 9:30 a un ritmo bastante tranquilo: algo que desesperaba a Ander ya que teníamos que esperar y descansar cada dos por tres. A las 11 el guía y los porteadores pararon a prepararnos la comida.  Sin hambre y con muchas ganas de seguir, tuvimos que parar ya que así se había organizado. Ander estaba que se subía por las paredes, y con razón ya que no hacía ni 3 horas que habíamos desayunado, y ni 2 que habíamos empezado el ascenso. Nos quedaban otras 6 horas de camino hasta llegar al primer rim donde dormiríamos aquella noche, y a ese ritmo parecía que tardaríamos el doble.

 

Otra vez con la barriga llena y con más ganas de echarse una cabezadita que de continuar el camino, preguntamos al guía si podíamos ir por nuestra cuenta y encontrarnos en la zona de acampada. En ese momento empezamos a disfrutar: íbamos a paso ligero, descansando poco para no enfriarnos, con muchas ganas de saber qué es lo que se vería desde arriba.

Mientras adelantábamos uno a uno a los montañeros que iban quedando rezagados, nos dimos cuenta de varias cosas: Primero, que las agencias no dejaban muy clara la vestimenta que había que llevar, ya que vimos gente subiendo con ropa muy poco adecuada para la montaña; segundo, que estamos más fuertes que el vinagre💪; y tercero, que había gente que subía por su cuenta, pero hasta ahora ningún “Bule” solitario, todos Indonesios.

Sorprendentemente los últimos que adelantamos fueron los porteadores, ataviados con chanclas, una caña de bambú y dos cestas llenas con hasta 40kg de materiales de los diferentes grupos. Iban como balas. Por ahora no nos estaba pareciendo tan difícil como nos lo habían pintado, pero el camino no estaba en las mejores condiciones y tanto la tierra suelta como las piedrecitas, hacían que nos cayéramos de vez en cuando. Bueno, Ander se dejaba caer que es de Bilbao. Asique acabamos de mierda hasta arriba.

 

Nos metimos a las tiendas pronto sabiendo que a las 2am empezaríamos el ascenso a la cumbre. Yo dormí perfectamente, pero Ander no pudo dormir a penas, debido a que el grupo de Indonesios que acampó justo al lado de nuestra tienda se pasó la noche de cháchara.

Nada más prepararnos nos dimos cuenta que no teníamos frontales, y que no nos los iban a facilitar ya que no trajeron suficientes. En la agencia nos dijeron que nos provisionarían con todo lo necesario, menos ropa y calzado, así que no vimos necesidad de llevar equipaje extra. 3 de los 8 compañeros decidieron no subir, por esa razón y por no llevar el calzado adecuado. El guía no hacía más que repetirme que alumbrara con el movil, a lo que yo le respondía que de ninguna manera iba a sacarlo. Necesitaba las dos manos en caso de caerme o tener que apoyarme y no quería arriesgarme a que se rompiese. A varios grupos les facilitaban frontales pero no era nuestro caso, así que teníamos un problemilla. Otros 3 compañeros tenían linternas y frontales y yo conseguí uno que funcionaba a medio gas. Ander tuvo que conformarse con seguir a quien le diese algo de luz. Ya no había otra opción que subir poco a poco y en fila.

Retrocediendo a cada paso que dábamos, el camino de 3 horas y media se hizo más bien largo. Prácticamente todo el camino era piedra suelta, y no se veía bien cuan ancho era el camino, pero juraba que tiraría al guía barranco abajo como me volviera a repetir que sacara el móvil para alumbrar.

Faltaba poco para llegar cuando empezamos a divisar los primeros rayos de luz, ya podíamos ver el camino así que hicimos una escapada y llegamos para coger asientos VIP en esa película titulada, AMANECER DESDE EL RINJANI.

Precioso, precioso, se veían islas a lo lejos y una de ellas era Sumbawa la contigua a Lombok. Una vez amaneció y la cima comenzó a quedarse pequeña de tanta gente que había subido, nos hicimos la foto de rigor con la plaquita de los 3726m y el nombre de Rinjani (ya todos podrían creerse que habíamos subido un volcán), y ale, todos para casa.

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Una vez desayunados y descansados, desmontamos las tiendas y fuimos hacia nuestra siguiente parada: el lago. Desde arriba la estampa era preciosa, de postal, pero sabemos que no se aprecian bien los detalles hasta acercarte de verdad. Pues bien, después de otras 3 horas de bajada llegamos al lago de mierda, y más mierda, lleno de basura. Ahí nos dimos cuenta que la entrada al parque nacional, los guías y todo el tinglado montado era todo una manera de sangrar al turista y que la montaña, su volcan y esa belleza natural de la que se aprovechan y da de comer a muchísima gente, les importa más bien poco. Todo el camino estaba lleno de bolsas, plasticos, papeles, cristales, ropa, pero a nadie parecía sorprenderle ni importarle. Es cierto que toda la basura que nosotros producíamos iba de vuelta con los porteadores, pero dudaba de si sus intenciones de no dejar huella en el camino eran sinceras o forzadas de cara al turista. Llamadme cínica, pero después de ver la poca higiene y el poco cuidado hacia la naturaleza que tenían, vosotros también lo hubieseis pensado. A cualquiera se le habría ocurrido mandar unos porteadores con cestas vacías a recoger la basura y cuidar la zona, con el dinero que se quedaban con la entrada al parque nacional, (digo yo).

Bajamos hacia las aguas termales, a asearnos en esos 40ºC que el volcán calentaba y seguimos el ascenso hacia otro pico donde las vistas volvieron a dejarnos boquiabiertos, otra perspectiva del volcán y la cima espectaculares. Tras 13 horas reales de caminata desde las 2 de la mañana hasta las 18:00 que llegamos a la siguiente llanura donde volveríamos a dormir, caminamos montaña arriba, montaña abajo.

Ya habíamos completado el 80% del recorrido planificado y estábamos notablemente cansados debido a lo poco que habíamos dormido aquellos 2 días y todas las horas caminadas. Nos dio igual que nuestro colchón fuera un suelo de piedras disimulado con una esterilla de Yoga, asique ese día dormimos 10 horas al menos.

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Camino abajo coincidimos con unos catalanes que ni habían pagado entrada, ni iban con guía. Decidieron pasar de la presión de los locales y hacer camino por su cuenta, comenzando desde el punto en el que nosotros terminaríamos nuestra ruta, llegaron hasta el primer mirador y volvieron el mismo día. También compartimos una charla con un francés que decidió subir con su tienda sin necesidad de guías, ni porteadores. Le aconsejamos que cada vez que alguien le preguntara donde estaba su guía, respondiera que estaba con el resto de grupo detrás, desconocemos si al final lo consiguió o no.

En realidad no entraba dentro de nuestro planing, pero como bajamos como un tiro y con más tiempo que de sobra, después de insistirle al guía todo el viaje nuestra última parada fueron las cataratas Sendang Gile y Tiu Kelep. Entramos en el parque donde se encuentran todas las cascadas por 10.000 rupias cada uno, y nos perdimos a nuestra bola con los compis de ascensión. Una pasada, te puedes bañar, hay monetes por el camino, y es muchísimo más light que el monte, pero también haces un mini treking atravesando ríos sin puentes y senderos entre frondosa vegetación para llegar a las cascadas más escondidas.

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Cansados, sucios y soñolientos llegamos por fin a Senggigi y lo único que queríamos era ducharnos y dormir, dormir como si no hubiese mañana.

 

Sensaciones:

No fuimos conscientes de la magnitud de nuestra fugaz aventura en Rinjani hasta despertarnos cansadísimos una vez volvimos a Senggigi. No nos habíamos arrepentido en absoluto de haberlo contratado, la experiencia fue increíble. Quitando el incidente de los frontales que había transcendido sin mas importancia que una mera anécdota, todo había sido genial. El guía, a veces algo pesado pero muy amable, se convirtió en fan Nº1 de Ander, no paraba de decirle lo fuerte y en forma que estaba, porque siempre llegaba el primero a un ritmo rapidísimo antes que cualquier grupo. HOLA! ESTOY AQUI! TENGO LAS PIERNAS CORTAS E IBA AL MISMO RITMO! YO TAMBIÉN QUIERO UNA MENCIÓN ESPECIAL! Bueno, no pasa nada, quizás no me vio.

Pero los verdaderos protagonistas en todo esto son los porteadores, chicos jóvenes y algunos no tanto, que cargan durante 3 días con las pertenencias de todo el grupo con 40kg a la espalda, jamás vimos a ninguno caer.

Tenemos que subrayar un asunto importante, si bien mereció la pena la experiencia el precio es algo a tener en cuenta, por lo menos para nosotros que intentamos mirar en todo. En nuestro grupo de 8, hubo gente que pago una diferencia de hasta 700.000 rupias por el mismo servicio, unos 50€, así que siempre hay que regatear lo máximo posible.

Desconocemos la tajada que se lleva cada miembro de la expedición del precio total, pero sospechamos que los que se dejaban la piel trabajando, no eran debidamente recompensados económicamente, puesto que al final del trayecto el guía nos pidió unos 20$ por persona en señal de agradecimiento al trabajo echo por los porteadores. Tenemos que reconocer que ese gesto no nos pareció del todo correcto ya que aunque aparentemente era un gesto voluntario, nos sentimos algo presionados, y nosotros ya habíamos pagado todo el trayecto en el que se supone que el salario de ellos estaba incluido. Sabemos que los porteadores no tienen la culpa de que el pastel no se reparta equitativamente, pero nos pareció demasiado pagar más de lo que ya lo habíamos echo.

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