Moalboal, un pedacito de Cebu

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Tras la relajante estancia en Port Barton, en la isla de Palawan. Aterrizamos en Cebu City pasadas las 16:00 y pretendíamos llegar a Moalboal (un pueblo al oeste de la isla) para la noche. En principio no era misión imposible: solo teníamos que llegar a la estación sur de Cebu City para coger el autobús directo a Moalboal. Sonaba fácil pero…

 Nada más bajar del avión primer problema: no encontramos ningún Jeepney que nos llevara, con lo que nos vimos obligados a tomar el shuttle bus que nos dejaría “lo más cerca posible” de la estación. 

 Bajamos del autobús en medio de Cebu y empezamos a preguntar por el Jeepney que conducía a la estación sur. O nos ofrecían taxis o nos decían que no tenían idea (nadie entendía porque queríamos coger un Jeepney cuando el taxi era más cómodo y rápido). ¿Nuestra razón?

 – Jeepney 9 pesos por persona 

 –Taxi 200 pesos el trayecto, (o eso es lo que nos pedían). 

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Unode los buses camino a Moalboal

 

 Finalmente encontramos el famoso y tan ansiado Jeepney: 01M. Pero ninguno nos quería llevar. Sin exagerar, pasaron 15 por nuestras narices mientras veíamos como los locales saltaban y se metían sin problemas.

 Pronto entendimos que con las mochilas, ninguno de esos repletos autobuses nos iba a parar. Así que nos acercamos a un centro comercial cercano donde la gente hacía cola para coger taxis (oficiales y con taxímetro). Finalmente por 90 pesos llegamos a la estación. Donde pudimos respirar tranquilos ya que seguía habiendo buses. A lo tonto ya habían pasado 2 horas y pico desde que aterrizamos.

 El bus parecía una lata de sardinas. Había gente hasta en el pasillo, locales que hicieron el trayecto de pies. Paraba cada dos por tres y cada vez era más de noche…

 Al fin, el bus paró a las 23:00 en medio de la carretera a 4 km de donde están los albergues en Moalboal. Por suerte había conductores de triciclos y moto taxistas dispuestos a llevarnos a… un momento, no habíamos reservado nada, y no sabíamos dónde dormir…

 

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Paisaje de los alrededores de Moalboal

 

Pero mantuvimos la tranquilidad y aparentamos no estar desesperados, así que nos pusimos a comer (para disimular y porque apretaba el hambre). 

 Como de costumbre hicimos nuestro papel de poli bueno/poli malo para rebajar los 100pesos por persona que nos pedían. Que nos vamos andando, que nos da igual! Al final, 60 por los dos.

 Ya les habíamos avisado que nuestro presupuesto era reducido así que nos llevaron directos a un hostal donde nos dieron una habitación por 500 pesos. Ni más ni menos.

Al llegar no estábamos muy convencidos, pero como ya era oscuro… aceptamos.

 Amanecimos con los primeros rayos de luz, algo cansados, pero de la misma fuimos a caminar un rato y conocer el pueblo mientras preguntábamos precios en otros hostales. Nos debieron ver cara de ratillas, porque para nuestra sorpresa ESTABAMOS EN EL MÁS BARATO! Así que ahí nos quedamos.

 

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Santurtzi vs Moalboal. Competición sardinera al ajedrez

 

Siguiendo la tónica de alquilar la moto por la tarde para poder aprovecharla al día siguiente pronto por la mañana, estábamos arrancando para salir a la carretera cuando cruzó un triciclo con una cara conocida… ¡EPAAAA! 

 Quien me iba a decir que ahí me encontraría con unos compañeros de trabajo con los que hacía años que no coincidía.

 Didac y Cris habían venido de vacaciones por 15 días a Filipinas y mira si no es grande Filipinas y tiene islas, que sin saber los unos de los otros nos encontramos en el mismo hostal! Toda una alegría! 

 Acababan de llegar, así que les dejamos organizarse y nosotros nos dirigimos a la White Beach.

 Por el nombre parecía un lugar idílico. Pero con estas cosas siempre pasa lo mismo… Igual que en la mayoría de White Beaches ni la arena era tan blanca, ni la playa tan bonita… pero ya que estábamos allí pasamos un rato agradable de sol y playa. Eso sí, ni una sombra. Así que nos pasamos casi todo el rato a remojo. 

 

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Atardecer en White Beach

 

La mañana siguiente amanecimos tempranito ya que habíamos quedado con Didac y Cris para ir juntos a las cascadas de Kawasan. Cogimos las motos y fuimos sin prisas y disfrutando del paisaje hacia allí. 

 Ya habíamos visto otras cascadas (en El Nido y Port Barton) y esperábamos encontrarnos algo parecido, pero nada más llegar nos quedamos boquiabiertos.

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Desde lo alto de Kawasan Falls

 

 Pocas veces habíamos visto el agua de un río tan azul. Nos recordó a las lagunas de Coron. Cuanto más avanzábamos, más nos deslumbraba la belleza del lugar, que aun y estando algo explotada y modificado para el turista, no llegaba a romper del todo su encanto (exceptuando las sombrillas de colores, eso sí sobraba totalmente). 

 La primera cascada estaba hasta los topes. Dabas una patada a una piedra y salía un chino con una réflex. Pero cuanto más remontábamos y subíamos el rio, menos gente encontrábamos. Así que seguimos avanzando a ver si encontrábamos algún lugar donde estar en paz.

 Parecía que alguien había derramado un bote de color azul turquesa rio arriba y todo el recorrido hubiese tomado ese intenso color fantasía e ilusión. Solo faltaba por aparecer algún unicornio.

 

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En busca de las cascadas

 

Seguimos andando y andando hasta que nos encontraos unos campesinos. Igual hemos llegado hasta otro pueblo y no nos hemos enterado. Así que como no tenía pinta de haber más cascadas por ahí, bajamos a la última que cruzamos.

 La cascada estaba equipada con una cuerda para saltar al más puro estilo Tarzán (Ander era el que más se le parecía, no hay duda). Y ahí nos tiramos una vez tras otra hasta que nos helamos de frio y decidimos volver.

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Haciendo un poco el mono

 

 

Ya de vuelta en Moalboal y después de una comilona al estilo filipino donde no faltó el cerdo (COMO NO PODÍA SER DE OTRA MANERA), quedamos con Didac para ver los bancos de anchoas justo a pie de playa. Siempre llevamos una máscara y tubo de sobra, que aunque nos ocupa y siempre queremos regalar, acabamos cargando a todas partes por si alguien se anima a unirse a nosotros.

 

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Rumbo a las antípodas, versión motorizada

 

No tuvimos que buscar mucho para localizar el punto en el que se encontraban los las sardinas, ya que había un par de barcos de submarinismo y gente haciendo snorkel al rededor. Reconozco que en ese momento deseé tener una red o una caña de pescar, porque con todos esas sardinas seguro que alguna pillaba. De hecho igual había tantas que si te lo propones igual las puedes pillar a mordiscos.

 Cuando dices que has nadado entre sardinas no parece un “planazo”. Hombre, vamos a ser sinceros, una sardinilla suelta mucha gracia no tiene no… ¿pero miles? Creedme, fue una experiencia increíble: ver como se mueven todas en grupo al unísono, dibujando olas, ondeando en perfecta armonía mientras el sol las hace brillar en cada movimiento… Preciozo.

 Nadando y nadando también encontramos un par de tortugas, alguna serpiente marina y muchas estrellas de mar, pero todo eso no era tan difícil de ver en el resto de Filipinas.   

 Ya poco nos quedaba hacer por Moalboal, nuestra estancia había llegado a su fin y la minúscula isla de Apo era el siguiente destino. 

 Adeu Didac y Cris, adeu Moalboal. 

 

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!Buen viaje amigos!

 

Si quieres saber datos útiles sobre Moalboal, no te pierdas nuestro post Moalboal a remojo.

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2 comentarios

  1. Muy interesante vuestro blog, estoy barajando una escapada a Filipinas y me estáis sirviendo de inspiración, felicidades por vuestro trabajo!

    • Muchisimas gracias! Tanto por escribirnos, como por leer nuestro post 🙂 Filipinas es un pais mágico lleno de rincones inimaginables, Seguro que te encanta!

      Si te surge alguna duda, simplemente escribenos y te ayudaremos encantados.
      Un saludo!

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