Hpa-An. Primeras sensaciones birmanas

Muy a nuestro estilo, cambiamos los planes de ir a Laos y Vietnam por cruzar por tierra desde Tailandia a Myanmar. Un país que nos maravillaba desde hacía unos años sin siquiera haberlo pisado (expectativas top top, muy altas).

Después de una semana de relax en Kho Phayam y  otra de “trabajo” en Ayutthaya, decidimos cruzar la frontera a pie. Tocaba hacer la visa, ir a Mae Sot (el último pueblo de Tailandia) y cruzar el rio que separa ambos países.

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Paisajes fronterizos Tailandia – Birmania

 

Altas expectativas

Por fin llegaba el día que habíamos estado años esperando. Llevábamos mucho tiempo queriendo visitar este increíble país que fue abierto al turista en el 2011.

Nos esperaban 28 días de lugares auténticos y gente con culturas y tradiciones muy distintas a cualquiera que hubiéramos conocido anteriormente. Tanto habíamos oído hablar sobre Myanmar… que si es la gente es la más amable de todo el sudeste; que tanto los hombres como las mujeres utilizan una especie de falda tradicional; que la gente se pinta la cara con una pasta blanca que viene de un tronco; que las sonrisas son de un rojo intenso color sangre por mascar una nuez; que las calles, los pueblos y las ciudades tienen un caos con estilo propio que hasta resulta encantador; que lo rustico y rural, aunque predominante, intentaba adaptarse a pasos agigantados a los tiempos que corren creando un contraste de una belleza inigualable…  todo esto lo teníamos que ver y conocer de primera mano.

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Un alto porcentaje de la población se dedica al cultivo de las tierras

 

¡Allá vamos Myanmar!

Tras un pequeño encontronazo con el simpático señor que nos atendió en la frontera tailandesa (el cual debía sellarnos la visa de salida y en un principio se negó por no conservar los papeles de entrada a Tailandia), por fin pisamos suelo birmano.

Cierto es que en Mae Sot nos fuimos aclimatando a lo que nos esperaba en Myanmar. Pero el rio que actúa de frontera hace una distinción clara entre ambos países. Enseguida notamos la diferencia: Los edificios algo envejecidos y una vida menos moderna con el añadido del ajetreo típico en los pasos fronterizos. Un caos que enseguida dejaríamos atrás al llegar a nuestro primer destino. Hpa-An.

Pero llegar no fue tan sencillo. Solo había taxis y minivans que pedían 10.000 kyats por cabeza por esos 130 km. Por encima de nuestro presupuesto. Así que tras esquivar a todos los conductores, nos colocamos estratégicamente alejados del centro, para hacer autoestop. No sabíamos que esperar ya que habíamos escuchado que no era tan fácil que cogieran autoestopistas y menos en la misma frontera donde más transporte (de pago) había. Pulgares arriba!

El ciclista taxista. Curioso, pero tal vez no es el mejor trasporte para hacer 130 km.

En 20 minutos encontramos quien nos llevara hasta Hpa-An, ¡GENIAL!. Un viaje ameno y cómodo donde pudimos corregir todas las anotaciones que habíamos hecho en el diario de “Birmano para andar por casa” y poder pronunciarlas correctamente. Lo cual es… ¡IMPOSIBLE!

Apunte: Vale que el birmano es un idioma tonal y eso hace la comunicación más difícil. Pero es que había palabras impronunciables. Así que repito: es ¡IMPOSIBLE!.

Desde el minuto uno se repitieron continuamente las dos tipiquísimas situaciones cuando intentas comunicarte en idiomas que no controlas:

1- Cuando entonas una frase o una palabra en birmano con la mejor de tus pronunciaciones (o eso te parece) y no entienden. Lo cual suele acabar en un: “Ahhhh quieres decir ·$”5&/)=?%”. Y en tus adentros piensas: “¡pero si es lo que he dicho!, Pzzzzzz.”

2- Cuando no hacen más que decirte una frase en inglés (o eso creen que es), no la entiendes y no paran de repetirla casi gritando, pero sigues sin entenderla.

En definitiva, con más dudas generadas que resueltas llegamos a Hpa-An.

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Sombreros de bambú y tanaka en la cara. El día a día en Myanmar.

 

¡Hpa – An! Toma de contacto

Enseguida elegimos hostal ya que de la opción más baratas Sue Brothers (y famoso gracias a Lonely Planet) estaba lleno. Así que nos terminamos alojando en el lujoso Phin Thar Gesthouse. Es broma: básico donde los haya y de la limpieza ni hablemos. Ander durmió metido en el saco encima de la cama, mientras que yo dormí sobre mi sabana de seda (es una especial para viajar ya que ocupa muy poco), así que imaginaos.

Eso sí, lo peor era el baño. Daba miedo acercarse. La suciedad parecía tener vida propia y reproducirse cada vez que nos acercábamos. Ni el pomo para abrir la puerta se dejaba tocar! Lo juro!

Pero siempre hay que ver el lado positivo y el personal lo mejoraba todo. Con la sonrisa y amabilidad casi extrema característica de los birmanos, acabamos diciendo que nuestro cuchitril tampoco estaba tan mal.

Como viene siendo habitual, nada más establecer el campamento base dimos la vuelta de reconocimiento y visitamos el par de templos de Hpa-An. La verdad, no había gran cosa, pero el pueblo nos encantó. Ni muy ajetreado, ni muy tranquilo; un mercado por aquí, unos puestecillos por allá; rebosaba autenticidad en cada esquina y lo más importante: todo el mundo sonreía.

 

Pero en ese momento queríamos alquilar una moto y ver el atardecer desde la cueva con el nombre con más gancho de todo Hpa-An: la Bat Cave.

No hubo éxito. No quedaban motos libres, así que con las ganas de ver a Batman y sus secuaces en acción, la reservamos para el día siguiente y fuimos pronto a dormir para madrugar y aprovechar el día.

Y tanto que madrugamos, enseguida nos dimos cuenta que la vida Birmana empieza a las 5:00 de la mañana y que si estás rodeado de locales (como en el caso de nuestro hostal) sus gritos y paseos por el pasillo, te parecerían una estampida de ñus en frente de tu puerta.

Otra vez “Silencio” hasta las 7:00 cuando nuestro amigo (actualmente también de facebook) Piu Piu se puso a limpiar las habitaciones con la música de su móvil a todo trapo. Con lo bien que nos cayó al final este chico y casi lo matamos aquella mañana… PUES ARRIBA.

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El pueblo cobra vida con los primeros rayos de sol y los vendedores inundan las calles.

 

Con moto y sin rumbo

Alquilamos la moto tan pronto estuvimos dispuestos y con todo el día por delante nos dirigimos a la primera parada, Kaw Ka Thaung Cave. Una de los muchos templos construidos dentro de cuevas de la zona.

La señora de las motos, muy maja ella, nos dejó un mapa de la zona y nos marcó unos cuantos puntos de interés. Pero el día era largo y estábamos ansiosos por explorar cada rincón, así que en cuanto veíamos oportunidad, nos salíamos de la ruta para perdernos.

Pensábamos que iríamos sobrados de tiempo y entre llegar y visitar la primera cueva se nos pasaron casi dos horas. En comparación con las demás, era de las flojitas. Pero como era la primera… ya sabéis, siempre se coge con más ganas.

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Hilera de budas y una intrusa en las afueras de Kaw Ka Thaung Cave

 

Hacía rato que habíamos salido y las tripas rugían. El desayuno del hostal no nos había llenado del todo, por lo que decidimos hacer una parada para recargar energías de camino a nuestro segundo destino.

No nos equivocamos. Ein Du fue justo lo que necesitábamos. Un pueblo pequeño, nada acostumbrado a los turistas. Todos los del lugar se quedaban pasmados mirándonos fijamente, seguramente pensando: Y estos, ¿Qué hacen aquí?

¿Que qué hacíamos? VENIR A COMEEER Gracias a los dioses descubrimos un fotogénico mercado, donde vendían los mejores churros de la zona! J

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Ein Du, un pueblo lleno de colores en la calle.

 

Un rato después llegamos a Saddan Cave. El templo/cueva más grande de los alrededores. Como viene siendo habitual en Myanmar, al turista le hacen pagar una entrada inexistente para el local. Pero en este caso solo eran 1.000 kyats y en llegar hasta el otro extremo de la cueva se tardaba 20 minutos, así que merecía la pena. Aunque en parte, son 20 y no 10 porque al ser un lugar sagrado hay que caminar descalzo y no es tan sencillo caminar.

Encontramos estatuas y otras representaciones de budas a lo largo de todo el camino. Una vez llegamos al final, nos topas con un pequeño rio que transcurría bajo una roca, conduciendo al punto inicial tras 5 minutos en barca. Como ya habíamos pagado la “tasa turista”, pensábamos que nos entraba la vuelta en barquito. Pero había que pagar otra vez, así que desandamos lo andado y volvimos a salir por la entrada principal a patita.

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Tras 20 minutos de caminata descalzos, llegamos al final.

 

La siguiente parada en nuestro itinerario fue Lumbini Garden. Un jardín lleno de budas. La verdad, no nos llamó mucho la atención, pues budas había unos cuantos, pero jardín lo que es jardín… eso estaba más bien seco. Hay que decir que mucha gente llega allí porque el lugar se encuentra a faldas del monte Zwegabin  y es el comienzo del camino a la pagoda que hay en lo alto de la montaña. Pero nosotros esta vez, no teníamos tiempo para ello.

Después del par de cuevas y el jardín de budas tocaba Kyauk Ka Latt. Un gigantesco y muy buen cuidado templo (se nota que es modernillo), rodeado por un lago artificial y con una pagoda en lo alto de una roca enorme en medio de la “isla” central. Un sitio muy bonito, pero que en media hora te has empachado de él.

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Paseando por Lumbini Garden

 

Mientras conducíamos nos íbamos parando y entreteniendo con cualquier cosa que nos llamara la atención. Y si encontrábamos algún caminillo interesante no nos podíamos resistir a tomarlo. Así que se nos echó el tiempo encima y entre las dos últimas cuevas que queríamos visitar nos tuvimos que quedar con una: Kawgon Cave

Fueron 3000kyats, pero bien invertidos. Nos encantó. Esta no era solo una cueva con estatuas de buda (que las había y preciosas). Era una obra de arte toda ella. Un guía que acompañaba a una familia inglesa nos explicó, que antiguamente toda la pared y la bóveda de la cueva estaban llenas de pequeños budas esculpidos y pintados cuidadosamente en el siglo VII, pero que con el paso del tiempo y las lluvias la mayor parte de las figuras se habían destruido. Aun y todo se puede seguir apreciando gran parte de su magnitud y nos pareció algo espectacular.

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Kawgon Cave, arte del VII en forma de roca

 

 

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Admirando los budas esculpidos en la bóveda de la cueva

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No nos explicamos como pudieron llegar tan alto

 

Nos habríamos quedado tranquilamente una hora más en esa cueva, pero el reloj avanzaba y el anochecer se acercaba. Corriendo fuimos hacia la moto para ir en dirección Bat Cave. Todos lo recomendaban al 100%, pero ya se sabe que a veces las expectativas no juegan a tu favor y que lo que a ti te puede parecer digno de admirar, quizá a otro le puede parecer poco atractivo, así que no sabíamos que esperar.

Empezamos mal. Un par de monjes estaban pidiendo dinero por… ¿caminar y ver algo natural? Ahí no había ni budas ni pagodas que admirar, sino la naturaleza y miles de murciélagos. Además no habíamos leído que cobraran “entrada” en ningún lado, pero ahí estaban, así que pagamos a regañadientes.

Después supimos que dos franceses que iban por delante no tuvieron reparo alguno en negarse a pagar por la misma razón que la nuestra, pero con la imagen que teníamos formada de los monjes en otros países se nos hizo difícil decir que no.

Pero Myanmar es diferente y todavía nos quedaba mucho que aprender y espabilar con este tema. 

Nos colocamos en el escalón mirando hacia el punto en el que el sol se escondía. A nuestra derecha el olor a guano y el sonido de los murciélagos nos hacían saber cuál era la cueva de la que saldrían. De repente el cielo empezó a tornarse de un color anaranjado justo en frente y los murciélagos empezaron a salir a miles durante casi 15 minutos. La verdad, no nos decepcionó en absoluto: la estampa de la puesta de sol y los murciélagos sobrevolando el rio, saliendo sin parar formando una gran lengua en el cielo en dirección al infinito fue algo que no se nos olvidará. Totalmente recomendable. La guinda del pastel, la mejor manera de terminar el día. 

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Más de 15 minutos de ráfagas de miles de murciélagos

 

Sin planes para Nochevieja… AÚN

Era 30 de diciembre y coincidió que la noche anterior había sido el año nuevo Kayen y muchísimas personas pertenecientes a esta etnia estaban de peregrinación, visitando los templos y cuevas de la zona. Muchos, vestían los trajes típicos, algo que nos pareció muy interesante ya que podías diferenciar a los birmanos, de los kayan o karen gracias a las vestimentas con pañuelo en la cabeza y  “ponchos” colorido de rayas verticales. Los diferenciamos porque ellos mismos se consideran diferentes, son otra etnia, tienen otro idioma  y así los aceptan en el resto de Myanmar.

Para nosotros la noche vieja estaba por llegar y todavía no sabíamos dónde pasarla. Queríamos que fuese algo especial, ya que era una fecha importante y teníamos el privilegio de pasarla en uno de los países con los que más habíamos soñado ir de todo el sudeste asiático.

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Niños de excursión con el cole vestidos con el traje tradicional Karen

 

¡VENGA VAMOS A KYAITO MAÑANA! Dijimos. Es el lugar de peregrinación más famoso para todos los birmanos. Haremos el camino hasta la roca dorada  y será genial. ¡Buscaremos un lugar para tomar algo y compraremos uvas! ¡Todo listo! ¡Perfecto!

A la mañana siguiente despertamos y nos entró la perecilla. 31 de diciembre… ¿y tener que meter horas de bus hasta otra ciudad?

Pero… ya no hay mucho que hacer en Hpa-An y puntuando el ambiente nocturno estaba a -3…

Entonces se nos encendió la bombilla. ¿Y si subimos a la pagoda en lo alto del monte Zwegabin? ¿y por qué no?

Así que allá fuimos con la moto, dos mochilitas, 10 latas de cerveza, 0 uvas y una tienda de campaña.

Y fue la mejor decisión que podríamos haber tomado.

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Andando entre plantaciones.

 

Gracias por leer este post. Esperamos que te haya gustado.

Si quieres saber datos útiles sobre Hpa-An: qué hacer, dónde comer, dónde dormir, como llegar… no te pierdas nuestro guía Hpa-An templos, cuevas y murciélagos.

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