Descubriendo Penang

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Penang es otra joya que al igual que Melaka no deja indiferente a nadie. Yo ya había disfrutado un año atrás de lo que esta ciudad con tanto carisma tiene para ofrecer. Y creedme, una semana no fue suficiente. Así que decidimos volver.

 Por aquel entonces llegaba sin saber muy bien que es lo que me esperaba, pero todos me habían hablado maravillas de esta pequeña ciudad donde el arte se encuentra en cada rincón: Las pinturas que se fusionan con el mobiliario urbano, incluso la casa más vieja a punto de ser derruida tiene algo que le otorga ese no sé qué, que hace preferir lo viejo y descascarillado, a lo renovado e impersonal

 Aquella vez viajaba sola y sin mucha idea de donde alojarme. Tras dejar la mochila en una cafetería y preguntar por todos los hostales, decidí quedarme en el más barato, que por lo que pude comprobar también era el más cochambroso y sucio. Eso, por no hablar del dueño: simpatía todo él (ironía ON). Pero por otra parte de aquel lugar conservo recuerdos maravillosos gracias a la gente que conocí, con quien compartí mi estancia en Penang y parte del recorrido de Malasia. Posteriormente pasando por mi isla favorita, Pulau K____ (un secreto).

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Fachadas de un edificio en Penang

Esta vez disfrutaría Penang de otra manera, volvería con Ander. Pero primero había que llegar.

Arriba esos pulgares

Con la tranquilidad del que ya ha estado y el subidón de la racha levantando pulgares, en vez de coger un bus desde las Cameron Highlands decidimos intentar recorrer esos 250 kilometros haciendo autoestop.

 Ese día amanecimos pronto por la mañana. La jornada se presentaba larga (no se trataba de 10/15 kilometrillos) y no sabíamos cuánto nos iba a llevar. Pero no teníamos prisa, así que estimamos que llegaríamos por el mediodía como mucho.

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Haciendo hitchiking

Los primeros coches no nos acercaban demasiado, viajes cortitos que nos hacían avanzar a pasitos cortos (7 km, 13 km, 9 km…). Pero mejor eso que nada. Y saltando de coche en coche transcurría nuestro viaje hasta que montamos en uno en el que en un principio el amable conductor y sus acompañantes nos acercarían 20 minutos, pero al final nos acabaron por llevar hasta la isla de Penang, pasando por dos peajes, desviándose dos horas de su ruta y haciendo caso omiso a nuestras palabras: No parábamos de decirles que nos dejaran donde a ellos les fuera bien, que teníamos todo el día, pero insistieron… y tras 5 horas y media, 250 km y 7 coches. Llegamos!

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Disfrutando del Street Art

Una experiencia más que nos demostró lo hospitalaria y confiada que puede llegar a ser la gente en Malasia. Nos ayudó a quitarnos miedos y vergüenzas para viajar a dedo. No era la primera vez que viajábamos así, pero surgían las dudas de siempre:

¿Alguien parará? ¿Quién nos parará? ¿Porqué no pararán? ¿Qué pensarán de nosotros? ¿Y nosotros de ellos?

Solo es una manera más de viajar. Más lenta, más emocionante, llena de sorpresas, en las que rompes barreras y aprendes muchas cosas. Donde la paciencia y una sonrisa son tus únicas herramientas.

Asentando el campamento

 Llegamos a media tarde a Georgetown con la idea de preguntar en los hostales más 3XB (buenos, bonitos y baratos) y no tener que quedarnos en Love Lane Inn (el hostal en el que me hospedé el año anterior). Fuimos directos a Love Lane, la calle más representativa de la ciudad. Preguntamos primero en el contiguo a mi hostal favorito (ironía ON) y nos quedamos. PUNTO. Triple B al cuadrado.

 Por 2 ringgits más que el otro, lo que ofrecían era infinitamente mejor. 20 ringgits por un dormitorio de cuatro, en una habitación acogedora, con un colchón comodisimo, toallas, agua, champú, gel, buen wifi, café y té todo el día. Pero lo mejor de todo, un desayuno estupendo. En un hostal con muchísimo encanto. CASABLANCA, no me he podido resistir a hacerles propaganda gratuita. Todo había salido redondo.

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Fachadas de las casas de Penang

Street art en cada esquina

Estaba oscureciendo cuando nos terminamos de preparar y decidimos dar una vuelta sin rumbo, callejeando para encontrarnos por sorpresa con el street art (creación de Ernest Zacharevic y Tang Mun kian) que inundan las calles de color, para terminar en las bulliciosas (4calles) que forman Little India. Puestos de comida, tiendas de música y cine, en las que suenan los hits a todo trapo. Sin olvidarnos de las tiendas con más color que un estuche lleno de plastidecor, hablo de mis favoritas, las que venden ropa india.

Un desayuno contundente y variado nos esperaba a la mañana siguiente. Tostadas con mantequilla y mermelada, banana bread y bizcocho, fruta, café o té. Sé de uno que casi acabó con las existencias… y no miro a nadie.

Nos pasamos la mañana y la tarde paseando por las calles. Teníamos un par de mapas en los que aparecían las mejores pinturas o las más destacadas. También estaban señalizados los carteles en forma de caricatura, hechos con acero, que aun que pasan más desapercibidos que los famosos grafitis, estos cuentan más sobre la historia detrás de cada calle, aunque no sean tan apreciados ni fotografiados.

En la oficina de turismo conseguimos más mapas y seguimos recorriendo la ciudad, intentando fotografiar el más mínimo resquicio de arte callejero. Me sorprendió encontrar nuevas pinturas, y las antiguas un poco deterioradas solo un año después.

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Uno de los numerosos murales gigantes de Penang

Eso sí, para ver el Street art había que intentar no coincidir con algún tour chino. Les llevan como a ovejas de mural en mural y se forman unas colas del horror para sacarse la foto de rigor. Así que intentábamos adelantarnos a ellos escabulléndonos entre los callejones para no coincidir con ellos. De hecho uno de los días madrugamos solo para llegar antes que la muchedumbre y posar tranquilos.

Otras sorpresas de Georgetown

Caminando también topamos con un parque en frente del ayuntamiento donde había una exposición de estatuas de osos (tamaño “real”) formando un circulo, pintadas cada una por artistas de diferentes países (con motivos del propio). Una exposición financiada por las embajadas de cada país a favor de la paz. Así que pasamos un rato admirando las obras y sacándonos fotos. Kijikistan (un país que me produce mucha curiosidad, al que quiero ir en mi futuro viaje por los ISTANfue uno de mis favoritos.

Tampoco faltó la visita a lo más parecido a Chinatown que hay en Georgetown. Si… en Malasia todas las ciudades tienen una, pero aquí es diferente, porque las casas están construidas sobre el mar y todo es de madera. En realidad se llama Clan Jetty debido a que antiguamente vivían siete clanes que dominaban y rivalizaban por el monopolio del mercado que provenía del mar. Hoy en día viven los descendientes de estos y como dato curioso leímos que no pagan tasas por vivir sobre el mar. Mis dudas tengo.

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Calles del clan Jetty

Durante nuestra estancia en Penang coincidió que en las calles, ya de por sí bulliciosas, de Little India se celebraba una fiesta India: Navratri (o eso es lo que les entendimos). Era de noche y una carroza tirada por vacas sagradas recorría las calles iluminando y llenándola de colores. Todo ello acompañado de músicos y muchísimas personas. Toda una experiencia.

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Joven indio en la carroza de Navratri

Las noches las pasábamos en Love Line (nuestra calle) disfrutando de una cervecita y el combinado gratuito que daban en todos los bares a las mujer, mientras escuchábamos música en directo.

 ¿Y la comida? Dicen que en Penang se encuentra la mejor comida de todo Malasia, no sé si es verdad o no, pero nosotros la disfrutamos al máximo, igual que en el resto.

 Little India, los puestos de comida callejera de Lorong Chulia en China Town, los puestos de Red Garden Food Paradise y la cantidad de restaurantes y cafeterías hacen las delicias de cualquiera. Solo tuvimos mala suerte una vez y fue en un restaurante indio donde elegimos un plato que no nos gustó en absoluto, y gracias a unas verduras realmente amargas dejamos el plato casi intacto, algo inédito y que nunca hacemos ya que Ander siempre rebaña hasta la última micra, pero con este no se podía…

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La curiosa postura “comoda” de los malayos

Generalmente no está demás pasar por algún museo cuando visitas una ciudad nueva para saber más sobre ella, pero en Georgetown los hay a patadas. El de la cámara, el del chocolate (por ese pasamos), el de 3D, el de arte etc. Pero nosotros fuimos al de Penakan. Ya habíamos ido al de Melaka pero este nos resultó mucho más interesante. Cuenta la historia de Penang, el comercio que se originó en esta zona a cuenta de la buena localización de la isla, las diferentes etnias que se mezclaron y como ha ido afectando eso a la diversidad de culturas y religiones en el paso del tiempo.

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El penúltimo día decidimos alquilar una moto e ir a recorrer la isla más allá del histórico Georgetown. La primera parada fue el templo budista Kek Lok Si, en Penang Hill. Habíamos leído que era el más grande del Sudeste Asiático y definitivamente el más grande que habíamos visto. Todavía no habíamos pasado por China así que nos impresionó bastante. Sobre todo la estatua de 30 metros de altura de Guanyin y todos los colores que se fusionan en las edificaciones. Seguía en construcción con obras de ampliación, con lo que imaginamos que en unos años atraerá a un número considerablemente mayor de turistas, así como devotos y monjes en busca de retiro. Pero como en muchos otros sitios vimos una gran explotación comercial que quitaba algo de encanto a un lugar tan sagrado.

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Comimos en el mercado del pueblecito que se encuentra en las faldas de la montaña donde está situado el pueblo y seguimos con nuestra ruta alrededor de la isla. Intentamos visitar alguna playa, pero nada que ver con las que puedes ver en otros puntos del este de Malasia.

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Llegamos hasta el parque natural, al que no entramos pero en el que ya había estado un año antes. Seguimos el recorrido y nos acercamos a unas piscinas naturales donde solo había locales dándose un chapuzón. Intentamos buscar una cascada, pero el calor apretaba y los mosquitos no nos daban tregua, así que  volvimos a la moto.

 Nos recorrimos todo el oeste y centro de la isla, pero la verdad, no había gran cosa a parte de la belleza de admirar el bosque que recorrimos subiendo y bajando las montañas con la moto.

 Muertos del cansancio tras estar un día de un lado a otro volvimos al hostel. A la mañana siguiente volvíamos a Kuala Lumpur Kuala Lumpur para pasar nuestra última noche antes de coger el vuelo rumbo a China. QUE GANAS!

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Si quieres saber datos útiles sobre Penang, no te pierdas nuestro post Penang, arte en cada esquina.

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5 comentarios

  1. Gracias por compartir vuestras experiencias. Un saludo

  2. Q bien lo pasáis, y q envidia dais a los que no sabemos movernos del sofá de casa.
    Las fotos son preciosas.
    A veces le leo trozos a la abuela Maxi de todo lo que escribís.
    Disfrutar mucho y saborear todo lo que estáis viviendo.
    Aratxu

  3. Pingback: Guía de Penang – Rumbo a las Antípodas

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