Coron, azul turquesa

 

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Deseosos de pisar ese paraíso de aguas cristalinas del que tanto nos habían hablado, llegamos por fin a Coron tras 28 horas en un ferri. Bueno, “ferri”, más bien era un barco de mercancías en el que por buscarle algo más de rentabilidad que transportar los útiles para una isla desde la capital, la habían provisto de literas (rusticas, basicas, austeras) en la cubierta y una pequeña zona “VIP” con las mismas literas pero con un aire acondicionado que poco tenía que envidiar a las temperaturas del invierno en Euskadi (bueno quizás exagero, se dice que todo lo malo se pega y Ander es de Bilbao). 

Nosotros como buenos miembros (con mensualidad incluida) de la CPC, Cofradía del Puño Cerrado, habíamos pagado el “turist class”. 1000pesos por los 1300 que costaba la habitación invernal.

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Llegando a Coron

Habíamos dormido genial, pero necesitábamos estirar las piernas y pasear un rato, así que nada más pisar tierra firme nos decidimos a caminar hasta nuestro hostal, Guapos GH. Con ese nombre nos tenía con las expectativas por las nubes, sin saber si íbamos a encajar con nuestra facha después de casi un día en barco. 

Pero al final decidimos tomar un triciclo (tuk-tuk filipino) ya que la lluvia y los km que nos separaban no tentaban a pegarnos una caminata. 

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Agua dulce mezclada con agua salada en las calas de Coron

Nos duchamos y salimos a hacer la vuelta de reconocimiento de la que no disfrutamos demasiado ya que la lluvia no paraba. Pero nos dio para encontrar nuestro restaurante local: dícese de un puestecito con cuatro ollas y dos sartenes, provisto con un par de mesitas. Los filipinos las llaman (“eaterias”) y son claramente nuestros favoritos.

 Ahí tuvimos nuestro primer contacto con la comida típica del país, en el que no faltan los platos con noodles llamados pancit canton y arroz (bastante compacto) que en la mayoría de los casos se acompaña de carne, muy probablemente de cerdo y en caso de encontrar verduras seguramente también lo tengan (para darle más gustillo supongo). Decir que ni los platos fueron los mejores que probaríamos en Filipinas ni el precio estaba acorde a la comida, peeeeero salimos contentos. 

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Uno de los platos del Boat Trip

 Tras las frenéticas 48 horas anteriores, ese día amanecimos bien temprano por la mañana. A las muy entradas 12 del mediodía… Gracias a dios, toda esa mañana estuvo diluviando. Así que no hubo arrepentimientos por no hacer una salida en barco.

Paseamos por las calles más silenciosas de lo normal, debido a que muchos turistas habían salido a bucear o a visitas alguna pequeña isla de alrededor, a pesar del tiempo. Y para el anochecer subimos la pequeña montañita con una humilde semejanza a la Hollywood Hill, “a mano” desde el centro (más de 700 escalones) para disfrutar de las vistas de Coron Coron. 

 

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Vistas de Coron desde lo más alto

Con el sol escondido y las temperaturas más bajas, sobre las 20:00 ya íbamos de camino hacia las aguas termales con nuestro joven chofer de triciclos. Habíamos pospuesto nuestra visita hasta que las temperaturas “bajaran” un poco como para que apeteciera meterse en ese agua calentita. Acordamos con nuestro chofer particular que íbamos a pasar hora y media en la aguas antes de volver de nuevo al pueblo. Toalla en mano, cruzamos las instalaciones dispuestas al borde de un manglar equipadas con barbacoas y mesas para saltar directamente al agua. Unas piscinas, a modo “balneario natural” aprovechando las aguas volcánicas que se filtraban por las rocas antes de llegar al mar.  Y si lo normal es dudar en meterse al agua porque está algo fría, aquí más bien es lo contrario… caliente como un té. Tanto, que tras un rato ahí metido te das cuenta que los veintipico grados que puede hacer fuera del agua te parece fresquito.   

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 Con la temperatura bien regulada y empapados todavía volvimos con nuestro chofer que esperaba a las puertas charlando con el personal del lugar. Una vuelta que se hico un poco más llevadera por las preguntas que nos intercambiábamos con él. Después de las reglamentarias, dimos una respuesta con la que no se quedó satisfecho a la primera. Es curioso, pero en el sudeste asiático, cada vez que hemos tocado el tema de las religiones con los musulmanes (este chico lo era, a pesar de que la mayoría filipina es cristiana) no llegan a entender (o a aceptar) los conceptos agnóstico y ateo. Consideran que tienes que tener una religión y no existe la posibilidad de no tenerla. Por ejemplo, para este chico, como le dijimos que fuimos bautizados, somos cristianos y punto.

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Estrellas de mar en la bahía de Coron

El camino entre el pueblo y las aguas era horrible: un barrizal lleno de baches, hoyos y piedras. Íbamos cagados porque el chico iba a toda velocidad y el trycicle derrapó más de una vez. Gracias a que se me ocurrió preguntar después de la zona crítica, a ver cuantas veces había hecho el recorrido por ese camino. Me respondió con una naturalidad pasmosa que solamente dos veces.-  ¿Como? ¿Dos veces? ¿Y conduces tan rápido?- Se reía mientras veía como cambiaba la expresión de mi cara. Decía que no era para tanto, que estaba acostumbrado a conducir por caminos como ese. 

 Al llegar al pueblo tocaba reservar un bote para la salida del día siguiente y a pesar de nuestros intentos por buscar una alternativa a los tours que se promocionaban no conseguimos encontrar a nadie que se uniera a nosotros. Los puntos más interesantes de la zona están repartidos en 4 opciones de tour, salidas o island hop como ellos los llaman: A,B,C y el D. Con eso se aseguran que la gente tenga que hacerlos todos si quiere ver los mejores puntos.

 

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Chapuzón en Kayangan Lake

 Nuestro presupuesto mochilero no nos permitía hacerlos todos, así que preguntamos por el presupuesto de un barco privado que nos llevara a los lugares que más nos interesaran sin tener el limite de tiempo que ponían en los ya establecidos. Por supuesto se salía de nuestro presupuesto, pero compartiéndolo con más gente no distaba mucho del precio del resto de tours. 

 Tras nuestro fallido intento de buscar adeptos y una vez contratado el A con nuestro hostal, uno de los capitanes de barco nos ofreció la opción de unirnos a unas parejas que también buscaban compartir el barco privado. TARDE

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 La mañana siguiente el sol lucía resplandeciente y nos esperaba un día estupendo para disfrutar de las aguas cristalinas que tanto habíamos estado esperando. Islas formadas por rocas escarpadas, lagos de agua dulce en medio del mar y aguas azul turquesa. No nos decepcionó en absoluto.

Hay que reconocer que las fotos con las que promocionan los island hops son realmente buenas y que difícilmente las encontraríamos desiertas como se pintaban. Pero nuestra experiencia fue muy grata debido a que los barcos dejaban un tiempo de margen entre unos y otros (teniendo así más intimidad en cada spot). Apenas coincidimos con otros, salvo en el último punto (Kayangan Lake) donde terminaban todos los barcos haciendo el recorrido A. Un lugar impresionante. 

 

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Vistas desde la montaña de Kayangan Lake

La verdad, podríamos habernos quedado más tiempo y haber explorado más allá de lo que el turístico pueblo de Coron Coron nos podía ofrecer. Pero nuestro recorrido por Filipinas se había acortado dos semanas debido a problemas con la extensión de la visa y había mucho que ver.

Con las pilas de nuevo recargadas nos tocaba coger otro barco hacia nuestro siguiente destino: El Nido, Palawan. Una estancia que se avecina bastante movidita.

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Curioso relieve rocoso de las islas de Coron

 Si quieres saber datos útiles sobre Coron, no te pierdas nuestro post Coron, barcos hundidos en aguas azules

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