Apo, la isla con más bilbaínos por m²

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Nos acabábamos de despedir de Didac y Cris en Moalboal y ya andábamos mochila al hombro en busca de nuestro siguiente destino.  Si encontrarnos con los amigos de Eider fue algo inesperado, ni sabiéndolo de antemano hubiéramos creído lo que los siguientes días nos depararían…

 Poco sabíamos de esa diminuta isla llamada Apo aparte de que tenía un fondo marino espectacular. Eso y que si queríamos llegar ese mismo día teníamos que estar en el embarcadero antes de las 14:00. ¿Parece fácil no? Pues no tanto si tienes en cuenta que lo que nos separaba del puerto eran casi 100 kilómetros repartidos en un autobús, un ferri, otros dos autobuses y 1,5km de caminata (casi nada).

 Escampamos tempranito de Moalboal y todo salió a pedir de boca: al montarnos en el bus nos dimos cuenta que éramos los únicos extranjeros, cosa que al parecer suscitó el interés de un chico filipino. Hablando con él resultó que casualmente su destino estaba cerca del nuestro. A partir de ese momento nos pegados como lapas y continuamos el resto de viaje con su ayuda. No hizo falta que pensáramos en nada: Nos fue guiando y se encargó de hablar por nosotros con los conductores y vendedores de tiques. PAN COMIDO. 

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Ferry hacia la isla de Negros con nuestro “guía” filipino

Una vez en el puerto de Malatapay conocimos a 3 alemanas con las que compartimos barca para reducir gastos, con la premisa de que haríamos el mismo recorrido todos juntos de vuelta dos días más tarde. 

 No había mucha opción en Apo. Un par de resorts y 3 hostales. Así que tras hacer la vuelta de reconocimiento, nos decantamos por  uno de los resorts. Libertys Lodge. El precio era el mismo y la calidad mayor.

 Nada más instalarnos nos dimos cuenta que el idioma que predominaba en ese lugar no era el tagalo. Más bien sonaba a un castellano con cierto acento… entre el instructor de buceo, los 4 huéspedes y Ander, la isla podía presumir de ser EL LUGAR CON MÁS BILBAINOS POR METRO CUADRADO DE TODO FILIPINAS. 

 

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Portugalujos por Filipinas

A pesar del cambio de look de Ander (menos pelo en la cabeza y más en la barba) a estos chicos (Endika, Aritza, Iñaki y Asier) les sonaba familiar.

Resulta que son prácticamente del mismo pueblo y tenían amigos en común. Otra casualidad filipina más.

 Pero bueno, antes de empezar a enrollarnos ¿QUE HICIMOS EN APO? 

 Como no podía ser de otra forma, nada más llegar nos lanzamos al agua con nuestras gafas y tubo a ver las tortugas “pastar”. Y por allí andaban. Tal y como nos dijeron, sobre las 4 de la tarde se acercaban a la orilla. No es la primera vez que compartimos el baño con estos majestuosos animales, pero ni aun haciéndolo mil veces nos cansaríamos de admirarlas.

 

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Tortugas y corales. Inbreible lo que hay bajo estas aguas.

También salimos a recorrer la diminuta isla haciendo un treking de un par de horas donde visitamos las otras dos playas, un par de puntos altos con vistas a los alrededores, el lago y disfrutamos viendo cómo viven los filipinos en este lugar.

 Los atardeceres eran increíbles desde el hostel, sin embargo una tarde Ander se empeñó en subir hasta un lugar que había visto en el mapa, pero que ninguno de los habitantes que preguntamos conocía.

 

El caso es que no había ningún tipo de camino. Yo me di media vuelta y volví al hostel, pero el tiró monte arriba como una cabra, descalzo (veníamos de la playa) por el medio de la nada. ¡Ahí te apañas tu solo!.

 Tras 10 minutillos andando se encontró con un aldeano que vivía en la cima de la montaña, y obviamente no hablaba nada de inglés. Con gestos cual mimo le explicó que quería ver el sol caer. Aunque con todos esos árboles parecía difícil. Al final, saltando una valla y subiéndose a una roca lo encontró: las mejores vistas de la isla.

 

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Coronando el punto más alto de la isla

 Al día siguiente yo me animé a hacer una inmersión. Estaba un poco nerviosa ya que hacía un año que había sacado el título de “open whater” y parecía que se me había olvidado todo desde entonces. El instructor no se preocupó demasiado por refrescarme lo básico, así que Aritza se encargó de hacerme un breve review de todo lo que tenía que saber y de estar pendiente por si todo iba bien dentro del agua. 

 Es impresionante lo diferente que es la vida bajo el mar. Este era el fondo marino más colorido que he visto jamás. Vimos peces de muchos tipos, pero lo que más me llamó la atención fue la variedad y los diferentes tonos de los corales (las fotos no hacen justicia). No existía ni un hueco vacío en el que pudiese verse roca o arena. El reino del coral, simplemente increíble. 

 

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Todo bien Aritza, no worries.

Y así pasaron los días: charlando en la terraza con los vascos, viendo atardeceres seguidos de estrellas y muchas risas (con ellos era imposible no pasárselo bien).

 Tanta fue la conexión, que hubo un cambio de planes en el itinerario portugalujo y decidieron acompañarnos a Siquijor (la isla de la que tanto nos habían hablado otros huéspedes) posponiendo su viaje a Bohol para más tarde. 

 Una mañana tocó dejar Apo. Habíamos quedado en encontrarnos en el puerto de Malatapay para ir todos juntos a Siquijor. Nos teníamos que separar por un ratito ya que los bilbaínos iban en una barca y nosotros en otra con las Alemanas.

 La tropa marchó primero y nosotros nos quedamos esperando nuestro barco. Esperando y esperando… se retrasó más de 45 minutos. Y al llegar al puerto, como ya nos temíamos, no estaban. 

  No teníamos como contactar con ellos, así que cogimos el autobús y fuimos dirección Dumaguete a ver si nos los encontrábamos por allí. 

Si quieres saber datos útiles sobre Apo, no te pierdas nuestro post Apo, kilometro y medio.

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