4 días explorando pagodas en Bagan

img_1214

Tras el frenazo irremediable en nuestra ruta de Pyay, volvíamos a estar en carretera, o mejor dicho, sobre raíles en dirección a nuestro nuevo destino: Bagan.

Salimos a las 11 de la noche de Pyay y por delante teníamos 12 largas horas de tren. Aunque, a decir verdad, no se hizo tan pesado: las que no nos pasamos durmiendo, las disfrutamos viendo el paisaje o hablando con la familia que viajaba a nuestro lado.

Con el traqueteo del tren, al mediodía siguiente llegamos a las afueras de Bagan, aguardándonos uno de los momentos críticos del viaje birmano: La tasa por pisar Bagan.

ddd

¡Bagan nos espera!

Esquivando el entrance fee

Repasemos conceptos: las tierras de Bagan son únicas en el planeta, eso no hay quien lo discuta. Peeeeeeeero eso tampoco quiere decir que haya que pagar simplemente por pisarlas, ¿verdad?

Si me cobraras por ver un templo en concreto… bueno, vale. Si fuera por un conjunto en un recinto… puede que también. Pero pagar 25.000 kyats (una suma más que considerable en Myanmar) por el mero hecho de cruzar una línea dando exactamente igual si visito una antigüedad, me tomo un zumo o solamente paso por allí para coger el siguiente bus a mi destino… todo ello aliñado con la excusa de que eres turista… eso ya no nos parece tan bien.

Así pues, con la tensión en el cuerpo de que no nos avasallaran de repente a pedir los 50$ salimos del tren y empezamos a maquinar el plan. Al parecer nadie esperaba en la estación para cobrar el impuesto.

¿Quién iba a pensar que un turista se fuera a meter 12 horas de cochambroso tren pudiendo llegar en la mitad de tiempo en un cómodo autobus?

Nos juntamos con un grupo de argentinos que estaban en las mismas que nosotros y empezamos a negociar con un taxista. Al final, por menos de 3$ cada uno nos llevó hasta Nyaung-U (el pueblo donde nos alojaríamos) dando un rodeo para esquivar el control policial.

¡Primer objetivo conseguido!  ¡Estamos en Bagan! Ahora que nadie nos descubra…

img_0874

¡Estamos dentro! ¡Ouh Yeah!

Campamento y bicicleta

Ya que estábamos con los argentinos, intentamos buscar un guest house todos juntos. Nosotros habíamos hecho los deberes y teníamos algunas referencias anotadas. Pero como estaban algo lejos, empezamos a preguntar en diferentes lugares mientras caminábamos.

Intentábamos pasar desapercibidos y… ZASCA! En el primero que entramos a preguntar cartelote:

TODOS LOS HUESPEDES TIENE QUE PAGAR EL FEE DE 25.000 KYATS

Anda… mejor ni preguntamos. 10 minutos después llegamos al que sería nuestra casa por los siguientes días. Jasmine Villa. Allí no nos pidieron nada de nada, de hecho era el propio hombre del guest house quien nos decía que no diéramos dinero a los militares. Este es de los nuestros.

img_6473

Disfrutando de los alrededores

Una vez instalados decidimos aprovechar los últimos rayos de sol sobre dos ruedas y pedales. El sol caía y no sabíamos cuán lejos estaban las pagodas, así que salimos moviendo las piernas como gamos… por 3 minutos. Pues ni eso tardamos en darnos de bruces con las primeras pagodas. Con más de 2.000… ¿Qué esperábamos?

Metiéndonos por aquí y por allá pasamos la tarde hasta que se hizo tan oscuro que no veíamos más. Devolvimos las bicis, cenamos y caímos planchados para recuperar energía.

img_6239

Algunas pagodas son iluminadas al caer la noche

Tres días de moto

Durante los siguientes tres días la dinámica fue la misma:

Intentábamos amanecer temprano… y nunca lo conseguíamos. Nos poníamos las botas a desayunar y tras acicalarnos y protegernos del achicharrante sol, nos subíamos a una e-bike para explorar la zona. Nos pasábamos el día de un lado a otro haciendo kilómetros buscando pedazos de historia y un buen lugar para ver el anochecer. Disfrutábamos viendo el sol caer y nos congelábamos volviendo al hostel. Así, un día sí, y otro también.

Hay que decir que en Bagan a los turista no se les permite utilizar motocicletas, asique se alquilan motos eléctricas. Lo cual, con el poco ruido que hacen, bien muy bien para cantar temazos de Raphael mientras uno conduce (aunque a Eider no le gusten).

A lo largo de los 140 km2 de Bagan hay templos, pagodas y monasterios de todo tipo. ¡más de 2.000! ¡ya ves! Así que uno nunca sabe muy bien por dónde empezar. Nosotros nos dividimos el área en tres, explorando cada día una diferente.

img_1264

Explorando cada rincón de Bagan

Uno siempre tiene alguna recomendación de “los templos más chulos”, pero generalmente coincide que son los más masificados y digamos que así no te sientes muy especial. Además en esos son donde se colocan los guardas para pedir la entrada. 2 veces nos pasó. Qué casualidad que entre toda la gente que había pares a “sorteo” a los blanquitos…

          ¡Buenas! ¿Tenéis la entrada?

–          ¿Entrada? Oh… ¿había que traerla?

–          Si, ¿me la ensaña?

–          Lo siento, es que se la tenemos en el hostel

–          Ah ¿si? ¿Cuánto pagasteis?

–          25.000 kyats – Esta pregunta nos la sabíamos.

–          ¿y donde la sacasteis?

–          En el mismo hostel – Como habíamos visto el cartel en el primero que fuimos a preguntar creímos que era posible… pero no.

–          ¡Mala respuesta! ¡Los hostels no están autorizados! Acompañeme…

–          ¿qué? ¿qué? No se de qué me hablas… – Y nos esfumamos.

Por suerte, cada templo tiene al menos 4 entradas y simplemente evitando la principal (que suele coincidir con la del parking) puedes entrar sin ningún problema. Así que dimos la vuelta y entramos por otro lado.

img_6375

Vistas desde lo alto de una pagoda

En otros, la suerte sonríe algo más y debido a su fama un buen día nos encontramos a muchos fieles ayudando a la reconstrucción de un templo. Hombres y mujeres se apilaban moviendo piedras a lo largo de estructuras de bambú hasta lo más alto de las terrazas del templo. Una sincronización, armonía y voluntad conjunta que pocas veces habíamos visto. Pero lo más espectacular, sin duda, fue cuando una vez acabaron la jornada, todos se juntaron de cara al gran templo y guiados por uno de los monjes que allí había, alzaron sus voces a una para rezar.

img_0995

Hombres y mujeres rezando frente al templo que ayudan a reconstruir

Templos, pagodas… pagodas, templos… una vaca por allí… más templos, más pagodas… Vale, sí ¡Bagan es precioso! ¡Pero que parecido es todo!

Es cierto que a veces salta ese pensamiento a la cabeza. Es normal, a cualquiera le puede empachar y más estando 4 días sin parar. Pero nadie dijo que para disfrutar haya que estar sumergido en ese “no parar”. Muchas veces es más reconfortante pararse y disfrutar del estar. Por ejemplo, como bien hicimos, echándose una siesta en la terraza de algún templo.

img_1295

Contemplando el panorama desde lo más alto

Aunque también es cierto, que en otras ocasiones bien merece la pena hacer un pequeño esfuerzo por seguir moviéndote y conociendo. Y de no ser por esa “miniautobligación” no hubiéramos conocido sitios tan alucinantes como Cave Temple.

Cave Temple fue uno de esos lugares que nos pilló totalmente por sorpresa. Siguiendo nuestro instinto atrofiado por el sol, nos metimos con la moto por uno de esos caminos en los que piensas “no paso por ahí ni de coña” y al aparcar la moto un hombre salió de entre las sombras de los arboles diciendo:

–          ¡Eih! ¡Hola! ¡Venir venir! ¡Por aquí! 

Nos pillo por banda y con muchas ganas de hablar nos llevó hasta su pequeña guarida. Este hombre llevaba los últimos 15 años custodiando una pagoda que desde fuera no llamaba nada la atención. A decir verdad, era una más del montón: pequeñita y sin grandes florituras. Pero una vez entramos, alucinamos en colores y nunca mejor dicho. Esta era la pagoda que mejor conservaba los dibujos de sus paredes en todo Bagan. Pinturas del siglo XIII en perfecto estado. El anciano era un apasionado de esas inscripciones y nos contó la historia de cuanto alcanzaba a ver nuestros ojos.

Además nos comentó orgulloso como gente de la Unesco había llegado hasta su humilde pagoda para limpiarla y analizar esos dibujos. Yo me quedé enamorado con el dibujo de un elefante y aunque estaba estrictamente prohibido hacer fotos, el hombre cerró la puerta para que nadie nos viera y me dio permiso para inmortalizar aún más esa pieza.

img_6450

Elefante dibujado en el XII en las paredes de Cave Temple

El hombre que nos cambió la ruta

Entre piedras centenarias pasaron los días, pero siempre que amanecíamos y que volvíamos a descansar ahí estaba él. El propietario de Jasmine Villa era un hombre peculiar. Disfrutaba de su trabajo y le encantaba hablar con sus huéspedes.

Entre muchas otras cosas nos mostró un pedacito de historia. Un billete que ya ha dejado de existir. Hace unos años, antes de que se instaurara la democracia en Myanmar, cuando el gobierno militar aún tenía el poder, se les ocurrió la brillante idea de empezar a producir dólares estadounidenses.

Pero… los dólares estadounidenses… se producirán en USA, ¿no?

¡Claro! Así pues, lo que hicieron no fueron dólares, sino billetes equivalentes al dólar. Obviamente, cuando el gobierno estadounidense se enteró les cortó la iniciativa de raíz: Haciendo ilegal todo esos billetes. Y él tenía uno.

img_1365

Billete birmano equivalente al dólar estadounidense.

Pero si por algo recordaremos a este hombre, será por el gran consejo que nos dio. Al comentarle que no estábamos seguros de si ir a Hsipaw (debido a que unas semanas atrás se había localizado algún conflicto armado entre tribus en los alrededores), nos recomendó una de las mejores paradas en lo que va de viaje. Mindat.

Un pequeño pueblo de las montañas perteneciente al Estado Chin.

No teníamos muchísimo tiempo por el tema del visado, pero sonaba tan bien que.. Sin pensarlo dos veces, satisfechos con lo vivido en Bagan, cambiamos de nuevo nuestra ruta. ¡Nos desviamos a las montañas! ¡Siguiente parada: Mindat!

img_0935

¡Hasta otra Bagan! Gracias por estos días

Gracias por leer este post. Esperamos que te haya gustado.

Si quieres saber algún dato útil sobre Bagan: qué hacer, dónde comer, dónde dormir, como llegar… no te pierdas nuestro guía: Bagan, 2.200 pagodas, un viaje en el tiempo y un millón de secretos.

Si por otro lado, tiene alguna duda sobre el entrance fee. Pincha aquí.

Y si te ha gustado y quieres ser el primero en enterarte de nuestras aventuras dale al like, comparte y suscríbete.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

3 comentarios

  1. ¡¡Qué pasada de sitio!! Me encanta leer aventuras como esta y ver fotos tan bonitas. Espero que os siga yendo tan bien como hasta ahora allá donde vayáis 😀

  2. Pingback: Lo que Mindat nos regaló – Rumbo a las Antípodas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *