10 dias en Kuala Lumpur

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Y cambiamos de país. ¡Selamat datang! (bienvenidos). No podía esperar a llegar a Malasia para volver a saborear esos deliciosos rotis con curry. Solo de pensarlo se me hacía la boca agua. No paraba de decirle a Ander lo buena que estaba la comida malaya y que era de lo mejor que iba a probar en mucho tiempo. Lo que le iba a sorprender el país y lo mucho que tenía para ofrecer. Habiendo tantos países por recorrer, ¿había necesidad de volver a pasar por los mismos lugares? Pues la verdad no me importaba en absoluto repetir, ya que me quedé con un más que buen sabor de boca la última vez que viajé por Malasia y juré que volvería y creo que volveré a hacerlo.

 Llegamos al mediodía muy cansados del viaje. Sabemos que la diferencia horaria es solo de una hora, así que no teníamos la excusa del Jet lag. Pero nuestro avión desde Lombok (Indonesia) salía de madrugada y decidimos pasar la noche en el diminuto aeropuerto de Nusa Tenggara. El vuelo era a las 4 de la mañana y teníamos los días contados antes de que me expirara la visa. Contados literalmente, pero de mala manera. Ya que no nos dimos cuenta que a las 4am ya es un nuevo día y en el transbordo que hicimos en Yakarta para salir de Indonesia tuvimos que pagar 300.000ringgits por unas pocas horas de aeropuerto al haber sobrepasado la fecha… vaya suerte eh!? Asique lo más parecido a descansar fue cabecear en un avión y en otro. Llegamos al hostal con pinta de zombis, sudados y balbuceando “caaaaamaaaa, caaaaamaaaa” o era “rooooooti, rooooooti” ? ¡Qué obsesión!

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Mezquita Nacional Masij Negara

Sabíamos que había muchas cosas para ver y hacer, pero nos lo tomamos con tranquilidad, no teníamos itinerario fijo para viajar por Malasia, así que ya lo decidiríamos durante los siguientes días.

Kuala Lumpur es una ciudad en la que a veces olvidas que estas en el Sudeste Asiático: los edificios modernos y los rascacielos se hacen visibles desde cualquier punto de la ciudad, el lujo a veces ostentoso, la gran variedad de restaurantes occidentales, la multiculturalidad y el ajetreo de la zona financiera… todo dista mucho del resto de ciudades que hemos visitado en nuestros viajes. Pero esa idea se te va nada más te alejas de bukit bintang y el golden triangle y empiezas a callejear y es que como ya hemos dicho: “KL lo tiene todo” y de lo que anda sobrada es de cultura, tradición y autenticidad. Esto se hace presente en cada esquina, en cada callejón, encontrando puestecitos y restaurantes locales y con ese fuerte olor que hace la distinción clara entre una cocina y otra. Desde mezquitas espectaculares, a templos, palacios y edificios de estilos, religiones y épocas diferentes.

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China Town cuando cae la noche

Sin duda KL es una pasada! Por lo que no nos íbamos a aburrir y quien diga que Kuala Lumpur se ve en un par de días, está totalmente equivocado! Aunque nuestra estancia al final, fue un pelín más larga de lo esperado (10 dias).

Anyway, nada más llegar fuimos de cabeza a nuestro hostal “Birdnest” (http://birdnestghouse.com/). El que siempre vamos y creo que nunca cambiaremos. Está situado al lado de la estación de trenes y autobuses de Pasar Seni por lo que nos podíamos mover desde allí a cualquier punto de la ciudad sin problema. Además hay que decir que NOS ENCANTA QUE KL TENGA UNA LINEA DE AUTOBUS GRATIS! (Nuestro número favorito).

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Plaza Merdeka con el Palacio del Sultan Abdul Samad

Birdnest es un lugar acogedor con un ambiente agradable donde cada vez que he ido he conocido a muchísima gente. Recuerdo que el año pasado todavía estaban construyendo y acondicionando el otro hostel que Willy (el dueño) ha abierto a pocos metro de este. El precio es algo más alto pero lo compensa con mejores instalaciones. El lugar perfecto para quien quiera un poco más de nivel.

Además siempre hay voluntarios trabajando en el hostal y esta vez conocimos a una pareja de argentinos que eran los únicos que estaban trabajando (con sueldo) por unos 6 meses, y gracias a ellos tuvimos una estancia muy buena (además nos dieron el contacto para el voluntariado de Tioman).

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Una vez con las pilas cargadas, decidimos empezar nuestra ruta por Little India, íbamos frescos como lechugas hasta que abrimos la puerta del hostal y una ráfaga de aire caliente nos dio en toda la cara ¡BUENOS DÍAS KUALA LUMPUR! Ya habíamos paseado la primera noche por las calles abarrotadas de Chinatown y teníamos ganas de saber un poco más sobre esa otra etnia que forma una gran parte de la población malaya. Jamás hemos estado en India, por ahora esto es lo más cerca que estaremos de ese país que esperamos con muchas ganas visitar en unos meses.

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No sabíamos exactamente donde empezaba y donde terminaba la zona de Little India así que caminamos hasta que hubo algo que nos lo hizo saber. Los colores. Normalmente para que un lugar me conquiste y me entre enseguida por los ojos tiene que tener colores, cuantos más mejor. Por eso cada vez que pasábamos por una tienda de ropa india me quedaba embobada mirando el escaparate admirando los dhotis, kurtas y saris, todo tipo de trajes con estampados con elegantes y llamativos bordados de oro. Imaginando como quedan puestos, me vienen a la cabeza las imágenes de películas de Bollywood, coreografías grupales en las que los guapísimos protagonistas cantan, mientras se mueven con esos gestos tan característicos como de cambiar una bombilla con una mano, mientras se acaricia con la otra a un perro, a la vez que se mueven los hombros arriba y abajo, (LO JURO, PROBAD).

Después de babear todos los escaparates, decidimos entrar en una de las tiendas, a husmear un poquito. Me daba entre vergüenza y apuro entrar y que me dijeran algo por no ser hindu, pero no fue así, estuve a punto de comprarme una camisa, pero pensé que era mejor ir a India y llevarme un recuerdo de allí, así que me quedé con las ganas.

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Seguimos paseando desde los Brickfields hasta Pasar Seni otra vez para coger el autobús hasta la zona de centros comerciales, Bukit Bintang. Todo un contraste: tiendas y restaurantes occidentales, lujo y edificios modernos y muchísima gente haciendo lo que más les gusta, COMPRAR.

 Es parte de la esencia de la ciudad así que no nos la podíamos perder. Puede llegar a ser un poco estresante debido a la aglomeración de gente, pero no pasa como en otras ciudades de esta parte de Asia, que tienes que esquivar y evitar a los insistentes locales que intentan venderte algo. AQUI NADIE INSISTE, si quieres conprar algo, o necesitas contratar un servicio, entras en un local por tu cuenta y preguntas. Nosotros sabíamos de la existencia de un centro comercial con un parque de atracciones en el interior asique fuimos a echar un vistazo. Alucináis con la afición que tienen a los videojuegos que hay en Asia. La sala de recreativos estaba a reventar y no precisamente de niños. Estuvimos un buen rato viendo a un grupo de chicos dejándose el alma y la suela de los zapatos en la mítica máquina de baile. La gente se paraba a mirarlos y ellos se lo tomaban más que en serio.

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Obviamente también visitamos el lugar más emblemático de la ciudad, ese que no puedes dejar de ver si pasas por KL ya que sería pecar. Las torres Petronas. Ahí fuimos tanto de día como de noche a ver las impresionantes torres por todos los ángulos posibles y disfrutar del light show que se forma con chorros de agua en el lago del parque situado en la parte trasera de las torres.

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Esa misma noche haciendo el itinerario (que jamás cumpliríamos) y buscando siguientes destinos encontramos un vuelo a Shanghai muy barato con vuelta a Filipinas tirado de precio. ¡QUE PLANAZO! Explico que el hecho de cambiar de planes y que encontráramos un vuelo a China no fue casualidad, ya que una de mis mejores amigas vive en Shanghai desde hace más de dos años y debido a que este año no nos pudimos encontrar en ningún país que nos viniera bien a las dos, busque alternativas.

 Primero compramos los vuelos, de calentón y después lo pensamos. En ese orden. Super contentos y emocionados hasta que de repente pensamos: espera, espera, para China… ¿SE NECESITA VISA?

 No tuvimos que investigar mucho, ¡por supuesto! En cuando vimos todo lo que se requiere para entrar en el país la realidad nos bajó de la nube de un soplamocos. Aaaaamigo, que había que pedirlo con antelación, que había que sacarse fotos, rellenar un montón de papeles, reservar alojamiento para toda la estancia, ir a la agencia de tramitación de visados y pagar. Pues no lo sabíamos. Pero esa es otra historia.

 He aquí la razón por lo que se alargó nuestra estancia. Asique una vez supimos que nuestra estancia se iba a alargar un poco más de la cuenta, decidimos aprovechar para recorrer sin prisas todos los puntos de interés de la ciudad. En muchos de ellos ya había estado, pero con gusto repetiría con Ander.

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Palacio del Sultan Abdul Samad de noche

 

Las cuevas Batu fueron una de las paradas obligatorias. A unos 13km de KL se llega fácilmente. No fuimos demasiado madrugadores y la consecuencia fueron las Batus a reventar de turistas e hindúes que vienen de todas partes para venerar a Murugan, por lo que no pudimos sacar buenas fotos sin que saliesen 80 cabezas, pero las disfrutamos igual. Hemos visto templos y mezquitas remotas en montañas, al borde de playas, en acantilados y hasta alguna sobre el mar, pero jamás dentro de unas cuevas, algo de lo más curioso. Pero para curiosos, ¡los monos de la zona! Las cuevas son muy famosas por lo que cientos de personas se acercan cada día sin saber que puden ser víctimas en potencia de primates. Estos monos hace tiempo ya que dejaron de ser “tan monos”: están tan acostumbrados al ser humano que ya ni esperan a que les ofrezcan comida. Directamente te la roban. Asique la banda sonora del templo era el grito de alguna señora a la que habían saltado encima para quitarle la comida bien de la mano o del bolso/mochila. Un pequeño susto para el que le pasa, una anecdota divertida para el que lo ve.

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Batu Caves

Otro de los templos hindúes al que fuimos se llama Sri Mahamariamman, en pleno Chinatown, justo al lado de nuestro hostel. Nos guardaron las zapatillas y a mí me dieron una especie de intento de sari para que me cubriese las piernas. Cada vez que voy me encuentro con alguna familia que celebra algo, esta vez coincidió con el cumpleaños de una niña que acompañada de sus padres, abuelos y tíos, rezaban y daban ofrendas a las diferentes deidades para poder después comérselas allí mismo. Ander y yo fuimos siguiéndolos y observando a un par de metros de distancia todo lo que hacían, (teníamos mucha curiosidad) hasta que el padre de la niña nos empezó a hacer gestos con la mano. Al principio pensamos que nos estaba diciendo que nos fuéramos o que dejáramos de seguirles, así que retrocedimos haciendo un “moonwalk” pero nos volvió a hacer un gesto y se acercó a decirnos que nos uniéramos a comer con ellos. Creíamos que nos habían invitado por que se habían sentido un poco acosados por esos dos turistas que acechaban en cada esquina cada vez que se movian, pero nada más lejos, estaban pidiendo que se uniera a todos los que estabamos en el templo en ese momento.

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Sri Mahamariamman

Siguiendo con nuestro recorrido cultural y religioso, tachamos de la lista de una tacada la mezquita nacional Masjid Negara, el museo islámico ✅, el jardín botánico y el planetario.

 Suerte que la mezquita nacional estaba abierta al público y no era la hora reservada para rezar. Aunque inspira respeto e invita al silencio ya que es un lugar sagrado para los musulmanes, no puedo evitar troncharme cada vez que entro. LO SIENTO. El caso es que te hacen poner una túnica morada que te cubre desde la cabeza hasta los pies y resulta muy graciosa una vez puesta. A mi me sobraba por todas partes y la arrastré por toda la mezquita, limpiando todavía más ese suelo impoluto, (digo yo, qué les costará hacer una para niños). Y Ander se empeñaba en llevar puesta la capucha (como si no fuera suficiente con ir tapado de arriba abajo con el calor que hacía, siendo hombre no hay necesidad de cubrirte la cabeza ) y junto con la barba estaba metidísimo en el papel. De hecho nos lo pasamos muy bien a cuenta de ello: un turista que paseaba por ahí se acercó a Ander riéndose y le dijo “perdona pero creo que te has confundido de lugar” y al instante volvió a decir “es que te había visto de lejos y me habías parecido Jesus” y volvió a troncharse. Creo que él se lo pasó mejor que nosotros.

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Mezquita Nacional Masjid Negara

Entre los museos a los que fuimos, el más impresionante y que recomendamos al % es el museo De arte islámico, al que ya había ido, pero volví con gusto. Al contrario que el museo de arte contemporáneo que esta donde cristo perdió la zapatilla, y nos costó horrores llegar (en taxi no hubiese sido ni la mitad de complicado, pero no es nuestro estilo). Ese no nos gustó en absoluto y no lo recomendamos, pero por lo menos era gratis (menos mal). El caso, nos pasamos unas horitas disfrutando de la historia el arte islámico. No podría describir con palabras la belleza de cada objeto, libro, arma, joya, vestimenta y mezquita que vimos BRUTAL. Totalmente un must de la visita a Kuala Lumpur.

La zona del jardín botánico y el planetario los despachamos rápido. En el primero paseamos tranquilamente. No nos encontramos con ningún evento, pero por las mismas fechas un año atrás, había una exposición de orquídeas y un concurso de bonsais que abarcaba gran parte del parque. Pero esta vez agotados del calor y el sol, decidimos refrescarnos con el aire acondicionado del planetario, donde si estas por pocos días en la ciudad, no recomendaría ir a no ser que lo hagas con niños, pero aun así pasamos un ratillo haciendo el gamba con la “ciencia divertida”.

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Botanic Garden

Intenté llevar a Ander a uno de los mejores sitios para ver la ciudad y las Torres Petronas. Una piscina sin fin situada en unos apartamentos a los que accediendo desde el garaje podías colarte y disfrutar de un baño viendo como poco a poco las luces de los edificios más altos se iluminaban y dejando unas vistas impresionantes de la noche de Kuala Lumpur. PUES NO. Nuestro gozo en un pozo. Como era de esperar habían puesto seguridad justo a la entrada de la piscina (seguramente demasiada gente les había hecho ya la treta) y en cuanto nos pidieron la tarjeta del apartamento se nos quedó una cara de bobos… UPSSS

 Pero encontramos otras alternativas. El Sky Bar, con vistas un poco más reducidas, pero privilegiadas de las Torres Petronas era nuestra siguiente opción. Decidimos ir un Jueves aprovechando que había bebidas gratis para las chicas. Pero al llegar al hostal nos dijeron que los hombres tenían que ir bien vestidos, con zapatos y pantalón largo dependiendo de cómo les diera a los de seguridad, así que Ander tenía todas las papeletas para no entrar. De todos modos me preparé y montamos en un momento un “ladies night” con las chicas de Birdnest mientras que Ander se quedó de birras con los del hostel (lo que derivó en fiesta y una resaca, según dijo él, de las peores que ha tenido).

La técnica que seguíamos era aprovechar las primeras horas de la mañana, y las últimas horas de la tarde para hacer un poco de turismo, ya que el calor y la humedad a ciertas horas era insoportable.

Pero a veces se nos pegaban las sabanas, o nos entreteníamos con las musarañas y acabábamos caminando durante horas tratando de encontrar los puntos de interés con la lengua fuera y rezando por algún oasis con agua fresca y sombra… como nos pasó el día que fuimos al mercado de Chow Kit. Pero no estuvo tan mal (salvo por lo que contaremos a continuación) ya que siendo KL una ciudad tan grande y llena de centros comerciales y mercados repletos de turistas, es bueno saber que existen lugares donde eres el único extranjero.

 Paseamos bajo los toldos durante un largo rato viendo tranquilamente como hacían sus compras los locales. Ropas, juguetes, fruta tirada de precio, pescado y cabezas de vaca colgadas (lo normal de todos los mercados). En general no he tenido ningún problema con mi manera de vestir en ninguno de los países en los que he estado, ya que aunque haga mucho calor, intento ir recatada o con un pañuelo por los hombros en zonas rurales o donde no hay mucho va y ven extranjero, por respeto y para evitar miradas.

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Ese día iba con un vestido que cortaba desde encima del pecho hasta el suelo y como hacía un calor DE MORIRSE, olvidé ponerme el pañuelo por los hombros (aunque lo llevaba en el bolso). Mientras pasábamos por la parte de pescadería y carnicería caminé con el vestido remangado hasta la rodilla para no mancharlo, algo que pareció no gustarle demasiado a un local que hacía la compra tranquilamente con su mujer. No entendí lo que me gritó, pero no hubo falta, ya que utilizó la palabra “show” “enseñar” mientras hacía gestos señalándome a mí, a su ropa interior y al resto de gente.

No respondí nada ya que me entro la duda de si había hecho algo mal o de si había ofendiendo a ese señor con mi ropa provocativa. En ese momento pensé, “¿cómo no te has cubierto un poco? ¡Aunque sean los hombros! es su país y aunque no haya leyes que obliguen a ello, debes adaptarte a sus costumbres”.

Nos fuimos y seguía pensando en si el comentario de ese hombre era algo a tener en cuenta y si realmente había hecho mal. Asique empecé a preguntarle a Ander a ver si mi vestido era tan provocador como para que aquel hombre me hubiese llamado la atención. No lo era, era por encima del pecho y aunque estuviese remangándolo por un lado seguía cayendo hasta el suelo.

Es un país donde conviven diferentes religiones y culturas y cada uno viste como quiere, ¿porque debería sentirme mal por vestir como me daba la gana si no hay leyes que obliguen a seguir una vestimenta en concreto? Podía haberlo evitado, sí, pero igualmente me parece que no era necesario. Todo quedó en una mera anécdota aunque ahora voy con un pañuelo a todas partes por si acaso.

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Y así pasaron los días, disfrutando de tardes de slakline con las mejores vistas y nuestras escapadas nocturnas con cervecitas incluidas en la Plaza Merdeka (que se llenaba de chinos malayos buscando pokemons, yendo de lado a lado) hasta que llego el día previo a mi cumpleaños. Decidimos quedarnos para celebrar la entrada a los 26 con el resto de backpackers del Birdnest. Unas cervecitas en el ático del nuevo hostal, risas, historias y un par de tortillas de patatas (que nos costó la vida hacerlas en unas sartenes más viejas que Matusalén y se pegaban como pegamento), hasta que al pasar la media noche me cantaron el “happy birthday”.  Pero tras un rato nos fuimos de vuelta al hostal, que al día siguiente tocaba madrugar para llegar a nuestro siguiente destino: Melaka! Una ciudad cargada de historia.

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Si quieres saber datos útiles sobre Kuala Lumpur, no te pierdas nuestro post Welcome to Malaysia.

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